La oración intercesora (II)

Por Jonás Berea (jonasberea@gmail.com)
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Henry Ossawa Tanner, 'Los pobres agradecidos' (1894)Posts anteriores:

La oración y el Reino de Dios

La intervención de Dios en el mundo, es decir, el Reino de Dios, opera como una semilla (Mateo 13: 31-32) o como una pizca de levadura (Mateo 13: 33). Jesús podría haber sanado a todos los enfermos y resucitado a todos los muertos. Es más, mucho antes Dios podría haber solucionado el problema del pecado y el mal de un plumazo. Pero la Escritura nos enseña que su plan tiene una dinámica diferente, una dinámica del crecimiento, del camino con baches, caídas y retrocesos. Sigue leyendo

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Adoremos a un Dios con mayúscula

Por Joel Barrios
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College HeightsLa adoración a ídolos está condicionada por los ídolos en sí. Ellos son la creación del hombre. Son el resultado del mejor arte humano con el fin de visualizar algo que no existe. Terminan siendo una manifestación inconsciente del profundo deseo del hombre de manipular a Dios y hacerlo a su propia imagen. Como los ídolos son estatuas inertes que no sienten, el culto que se les rinde intenta disimular esa realidad poniendo lo que siente el adorador en el centro. Todo lo que hace sentir incómodo al que adora, sean mensajes, música o formas, es considerado contraproducente, ya que lo correcto o incorrecto está determinado por lo que sienten los adoradores y por sus costumbres preferidas. Como los ídolos tampoco pueden ver, lo que el adorador ve pasa a ser central y debido a esto el realce visual tanto a través del ritual como a través de la tecnología se usa con el fin de llenar ese vacío.  Sigue leyendo

Dos corrientes religiosas

Por Joel Barrios
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Isaac Asknaziy (1856-1902), Jesús y la mujer adúlteraUna de las causas principales por la cual la religión de Cristo se diluye se debe al hecho de negar nuestra miserable pecaminosidad. La negación de esta realidad lleva a los cristianos a enquistarse en dos corrientes: la moralista y la permisiva.

La moralista sostiene que si nos proponemos ser fieles a Dios podemos hacerlo pidiendo su ayuda pero sin necesidad de “depender” de él. Sigue leyendo