Debates sobre el infierno (I)

Por Jonás Berea (jonasberea@gmail.com)
https://jonasberea.wordpress.com/

MONSÙ DESIDERIO, El infierno (1622) Musée des Beaux-Arts de BesançonDe vez en cuando se aviva el eterno debate sobre la existencia o no del infierno, su naturaleza y la relación de esta doctrina con el conjunto de enseñanzas cristianas. Estas últimas semanas ha resurgido en dos webs españolas de temática religiosa, una protestante y otra católica. En este post trataré sobre el primero de estos debates, en el siguiente sobre el segundo.

Respuesta a Will Graham

El portal evangélico más relevante en lengua española, Protestante Digital, ha publicado un artículo del teólogo Will Graham en el que pretende refutar el vídeo La verdad en 2 minutos: el infierno del pastor adventista Daniel Bosqued.

En su artículo, titulado La verdad en 2 minutos sobre el infierno: una crítica, Graham revisa uno a uno diez puntos presentados por Bosqued. A continuación respondo a los contraargumentos del teólogo evangélico:

1. Según Will Graham, la doctrina del infierno no tergiversa el carácter de Dios, pues “si el Señor no castigara a los impíos, sería injusto”. Pero es que Bosqued en ningún momento dice que Dios no castigará a los impíos; la Biblia es clarísima sobre el juicio final para salvación de unos y perdición de otros. Pero según ella la perdición es aniquilación, no una tortura eterna que implicaría que Dios cuando menos permite la perpetuación de un sufrimiento atroz a seres creados por él, algo que de ser cierto sin duda afectaría gravemente al carácter de Dios.

2. Graham cree que “Dios usa el miedo para advertir a los suyos”, y pone como ejemplo las advertencias a nuestros hijos: “Carlitos, no te acerques a la carretera, ¡que te va a pillar un coche!”. Pero el miedo al infierno no sería equiparable a eso, sino a un padre que le dice a su hijo: “Carlitos, no te acerques a la carretera, si no te quedarás atrapado en ella y serás atropellado por los coches durante toda la eternidad, sufriendo los golpes pero sin morir”. Hay “temor” en la Biblia (interesante tema para profundizar y debatir), pero el Dios bíblico no amenaza con sufrimientos sin fin.

3. Según Will Graham, “es cierto que la condenación eterna no tiene ningún propósito redentor”, pero creer que eso niega la existencia del infierno “es como decir: ‘El queso no existe porque no sacia la sed’ o ‘Los elefantes no existen porque no saben cambiar bombillas fundidas’. El queso y los elefantes fueron creados con otros propósitos. El infierno no existe para redimir nada.”

Esta argumentación no se sostiene. En primer lugar, porque nadie en el mundo negará la existencia del queso y los elefantes, mientras que el infierno es una doctrina cuyo fundamento bíblico se ha debatido a lo largo de la historia del cristianismo. En segundo lugar porque a la luz de la Escritura es inconcebible que una acción de Dios, y en concreto un castigo de Dios, no tenga un propósito redentor. Si a la ética cristiana le resulta repugnante un castigo que no contribuya a la redención de la persona corregida, porque entendemos que sería pura venganza, ¿aceptaremos que Dios lo ejecute y además eternamente?

4. Afirma Graham que “el propósito de la condenación eterna de los impíos no es el de causar dolor sino el de glorificar la perfecta justicia y santidad de Dios”. ¿Pero se puede sostener que la santidad de Dios requiere la perpetuación del mal? El propio Graham ofrece un dato en contra de ello al citar el Apocalipsis: “Cuando los santos contemplaron la destrucción eterna de la gran ramera Babilonia, proclamaron: ‘¡Aleluya!’”. En el texto queda claro que Babilonia, que ejerce y representa el mal, es destruida. La alegría es por el fin de Babilonia. Si Dios hubiera dictaminado que, en lugar de ser destruida, la malvada “Babilonia” existiera para siempre en proceso de destrucción y sufrimientos perpetuos, ¿habría habido motivos para glorificar a Dios?

5. Respecto a la afirmación de Bosqued de que el infierno no resuelve el problema del mal, Graham se plantea: «¿Quién dijo que el infierno tenía que “resolver el problema del mal”?». Desvía así la idea desarrollada en el vídeo, que no es que el infierno deba resolver ese problema, sino que el infierno plantea un grave problema sobre la existencia del mal que afecta a la teología sobre Dios y sobre la salvación. No es que el infierno no resuelva el problema del mal, es que impide que ese problema se resuelva. Con un infierno eterno, si se me permite la expresión, el mal no lo resuelve ni Dios, quien sería alguien que no encuentra una forma de erradicarlo del universo.

6. Bosqued explica que la palabra “infierno” no aparece en la Biblia, y Graham replica que tampoco aparecen otras palabras como “Trinidad” o “encarnación”, pero no por ello dejamos de creer en esas doctrinas a partir de la información dada por la Escritura. Ahora bien, el vídeo no dice que los diez puntos expuestos sean argumentos directos contra la existencia del infierno; en concreto este dato sobre el término “infierno” es obvio que se menciona porque ayuda a comprender el asunto, no porque lo resuelva. Dada su brevedad, el vídeo no explica que casi todas las veces que aparece la palabra “infierno” en la versión más común en el mundo protestante, la Reina Valera, está traduciendo la palabra “Gehenna” usada por Jesús (de la que luego hablaremos). El problema es que el lector asocia el término “infierno” a la doctrina católica tradicional; ello, unido a los textos que parecen sugerir un castigo eterno, ha determinado que muchos evangélicos no lleguen a plantearse si el infierno del que hablan esos pasajes no se corresponde realmente con la enseñanza tradicional sobre este lugar de tormento. Por eso, en cierta medida es comprensible que haya cristianos bíblicos sinceros que crean en un infierno eterno.

La palabra “infierno” es de origen latino y hace referencia a las moradas inferiores situadas en el interior de la Tierra donde griegos y romanos creían que vivían las almas de los muertos. El término griego equivalente es “Hades”, que sí aparece en la Biblia para traducir el término hebreo “Seol” (equivalente a “sepulcro”). Lo importante aquí es que la teología cristiana acabó adoptando no solo el término “infierno” (algo que en sí no debería ser problemático si se hubiera mantenido el sentido bíblico de Seol o Hades), sino también el significado que los clásicos le daban (un lugar donde habitan las almas inmortales).

7. Como Bosqued explica el origen del término “Gehenna” (que aludía al valle Hinón, usado como vertedero donde ardían las basuras de Jerusalén), Graham considera que “ha cometido una falacia categórica”, pues “explicar el origen histórico de un término lingüístico o una idea no hace nada para negar su veracidad”. Nuevamente Graham se equivoca al considerar que un dato aportado es un argumento: es evidente que Bosqued no pretende afirmar que el infierno es solo el valle de Hinón, sino que aporta la información sobre el origen del término para que entendamos que la imagen de la Gehenna usada por Jesús simboliza ese “infierno” cuya existencia la Biblia sí afirma, y que corresponde al acto en el que Dios, tras el juicio final, destruirá el mal y a sus agentes.

Graham cree que la afirmación de Bosqued sobre la Gehenna sería equivalente a un argumento absurdo como el siguiente: “El vídeo del pastor es falso por dos razones: 1) Bosqued nació en los años setenta/ochenta; 2) su vídeo se grabó en el 2011”. Pero, como he explicado, lo que dice el vídeo no tiene nada que ver con un razonamiento de este tipo: no dice que el infierno no exista porque el término Gehenna significa “valle de Hinón”; simplemente aporta el dato para entender el significado del término “Gehenna”, que muchos traducen por “infierno”.

8. Graham está de acuerdo en que no se puede basar la enseñanza del infierno en una parábola, en concreto con la del rico y Lázaro (usada frecuentemente para “demostrar” la existencia del infierno). Pero considera que otros textos sí demuestran su existencia, como Mateo 5: 22, 29-30; 10: 28; 18: 9; 23: 5, 33, etcétera. Lo que ocurre es que en ninguno de esos textos Jesús habla de un lugar que ya existe y que existirá siempre donde los condenados sufran eternamente (doctrina tradicional sobre el infierno); simplemente habla de la Gehenna como el acto de destrucción de los impíos tras el juicio final, una verdad bíblica que Bosqued en ningún momento niega.

9. En el siguiente punto a Graham también le falla la lógica: para explicar Judas 7 (“También Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra la naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno”), dice que los sodomitas siguen sufriendo hasta la fecha, precisamente en el infierno; pero esto es algo que la Biblia no afirma en ningún lugar, sino que Graham deduce de su creencia en la existencia del infierno. Si no asumimos esa creencia, encontramos lo que realmente dice la Biblia: que Sodoma y Gomorra fueron destruidas con un “fuego eterno” que terminó apagándose, de lo cual se deduce, como explica el vídeo, que “fuego eterno” significa un fuego divino de consecuencias eternas, no de duración eterna. En el “infierno” escatológico, tras el juicio, también habrá un “fuego eterno” que finalmente se apagará.

Respecto a Jeremías 17: 27, aunque no se usa el término “eterno”, sí dice que Dios enviará un fuego contra las puertas de Jerusalén “que no se apagará”, cuando es obvio que en algún momento debía apagarse. Este dato refuerza la idea de que el sentido bíblico de un fuego “eterno” o “inextinguible” es que no se apaga hasta que extingue el objeto ardiente. Esta es la idea bíblica de la Gehenna o “infierno” como lugar de juicio del mal y de los malvados.

10. Graham critica la interpretación que hace Bosqued de algunos textos bíblicos que hablan de la destrucción total de los impíos y aporta algún pasaje que supuestamente demostraría que el castigo es eterno, como Mateo 25: 46. Una respuesta muy completa a este punto se encuentra en el artículo Infierno: ¿Tormento eterno o aniquilación?, en el que Samuele Bacchiocchi aporta muchos otros textos del Antiguo Testamento que inequívocamente hacen referencia a la destrucción escatológica de los impíos, como Malaquías 4:1, según el cual el día del Señor a los malvados “los abrasará, y no quedará de ellos ni raíz ni rama”. A ellos se añaden numerosos pasajes del Nuevo Testamento que describen la misma realidad: destrucción del mal y de sus agentes al final de los tiempos. Además Bacchiocchi explica el sentido de Mateo 25: 46 y otros pasajes que han llevado a muchos a creer en un infierno eterno. También expone las implicaciones morales y cosmológicas de la creencia en tal doctrina.

Un debate muy amplio

El asunto del infierno (su existencia, su naturaleza…) siempre ha sido un tema de discusión entre los cristianos, y previsiblemente lo seguirá siendo. Es positivo que Will Graham haya dedicado un artículo a exponer la doctrina protestante tradicional sobre el tema (coincidente con la católica en sus puntos principales), pues ha permitido que se avive el debate, como se puede comprobar en la gran cantidad de comentarios de los lectores de Protestante Digital.

Entre ellos he hallado uno del lector Kalos que creo que aporta un argumento muy bien planteado: “Definitivamente no puedo concebir que aquel que merece más castigo y sufrimiento que nadie esté en el infierno haciendo gala de su sadismo con sus propias víctimas por toda la eternidad”. Efectivamente: según la enseñanza tradicional sobre el infierno, Satanás sufriría eternamente, pero a la vez tendría la “compensación” (una especie de premio) de regocijarse con el sufrimiento de aquellos a los que ha arrastrado hasta allí. Como dice Bosqued en su vídeo: “¿No sientes que algo no encaja en todo esto?”.

Por otro lado, la creencia en el infierno está directamente vinculada a la doctrina de la inmortalidad del alma, todavía aceptada mayoritariamente en el mundo protestante, aunque cada vez más cuestionada desde que Oscar Cullmann la refutara en su obra La inmortalidad del alma o la resurrección de los muertos de 1956, donde defiende la enseñanza bíblica de que el alma no sobrevive como entidad separada del cuerpo, sino que los seres humanos resucitaremos corporal y espiritualmente al final de los tiempos (Cullman lo explica en términos muy similares a la enseñanza de la Iglesia Adventista desde el siglo XIX, por cierto). Así que el debate no es solo sobre el infierno, sino sobre una gran parte de la dogmática, y afecta a la escatología (enseñanzas sobre la muerte y el fin de los tiempos), la antropología (doctrina sobre la naturaleza del ser humano), la soteriología (teología de la salvación), etcétera.

El cuestionamiento de la enseñanza tradicional  sobre el infierno en el mundo evangélico suele estar relacionado con la dificultad de compatibilizar la idea de un Dios que castiga a los réprobos eternamente con la imagen del Dios amoroso del evangelio, pero normalmente no lleva a una exposición sólida de lo que la Biblia enseña. Por ejemplo, hace unos años el pastor evangélico Rob Bell encendió el debate sobre el tema con la publicación de su libro Love Wins, pero finalmente parece que él mismo osciló en sus opiniones sobre el asunto (como se explica en este artículo), quizá porque sus posiciones iniciales estaban más basadas en rechazar a un Dios castigador que en saber lo que la Biblia dice y en llegar a conclusiones sólidas en cuanto a la inmortalidad del alma y el juicio.

De este modo, se puede observar que hay quienes rechazan el infierno porque la imagen que tienen de Dios no les permite aceptarlo, pero como no analizan el tema bíblicamente en profundidad, o bien dejan un vacío doctrinal en su escatología, o bien se desvían hacia posiciones igualmente antibíblicas, como el universalismo (creer que Dios finalmente salvará a todas las personas), y llegan a cuestionar otras enseñanzas que sí son bíblicas, como que Dios juzgará a vivos y muertos, que habrá quienes sean condenados, etcétera.

Personalmente, creo que el vídeo de Daniel Bosqued y el artículo de Bacchiocchi ya citados ofrecen un correcto enfoque bíblico sobre el tema del infierno y del juicio final. Además recomiendo este breve artículo sobre el concepto bíblico de “alma”, estrechamente relacionado con el asunto.

En el siguiente post analizo algunas opiniones de autores católicos sobre el infierno.

[Imagen: Monsù Desiderio, El infierno (1622).]

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6 comentarios en “Debates sobre el infierno (I)

  1. Como decía en las diversas intervenciones que tuve en el debate sobre el artículo de Will Graham en Protestante Digital (como lugonso), para mí la cuadratura del círculo es predicar al mundo las buenas nuevas del amor de Dios y al mismo tiempo predicar la existencia de un Dios que se va a pasar la eternidad viendo sufrir a sus hijos… ¡Son conceptos absolutamente incompatibles! Y que no se me diga, como se me dijo en esa ocasión que los perdidos no son hijos de Dios sino del diablo. Pueden serlo, sí, por adopción pero jamás por creación. Todos los seres humanos proceden de Adán y Eva y éstos de Dios. Lo que no puedo ni remotamente imaginarme que un padre humano haría con sus hijos, ¡cuánto más con la excelencia moral de Dios!

    Efectivamente, Jonás Berea, los evangélicos tienen serio problema con su concepto católico del alma inmortal. Y de ahí se derivan conceptos tan aberrantes como la existencia del infierno con un lugar de tormento eterno… Resulta curioso que los católicos están evolucionando en estos aspecto. Sin ir más lejos el actual papa Bergoglio, ha declarado públicamente, porque no se corta ni un pelo, que el infierno eterno es la eterna separación de Dios. Y papas precedentes ya sepultaron para siempre el limbo y matizaron ampliamente el purgatorio… Los evangélicos, sin embargo, siguen enquistados en una vieja tradición…

    ¡Qué pena que el espíritu que anidó a partir de la Reforma, no haya desarrollado la quinta “sola” (Soli Deo Gloria)! Si el fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, en mal lugar le dejamos predicando a un dios tan justiciero y tirano que los años, siglos o milenios no le bastan para castigar a sus hijos desobedientes… Esa incongruencia, incluso en términos humanos, es un escándalo para cualquier alma sensible. Por cosas como estas son por las que las mentes occidentales les resulta tan poco atractivo el mensaje de las iglesias. Yo, respecto a ese dios justiciero me declaro, no agnóstico sino abiertamente ateo. Me quedo con el Dios que predicó Jesús de Nazaret.

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  2. Encuentro excelente la refutación de Jonás del texto en cuestión, que en su momento leí y no me parece que rebata realmente lo que decía Daniel Bosqued en su vídeo.

    Me sigue pasmando que a estas alturas se siga atribuyendo al Dios-Amor una doctrina absolutamente antiamorosa como la de que los perdidos sufrirán un tormento eterno.

    Un saludo fraternal.

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  3. Supongo que hay alguna pifia en el escrito de Cordura2015. Parece contestar a alguien y sólo hay un comentario: el mío. Y para nada pienso que Jonás rebata lo que decía Daniel Bosqued. ¿Qué te ha inducido a pensarlo. Estoy al 100% de acuerdo con ambos en este tema.

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  4. No, estimado Luis, no contestaba a nadie: aludía directamente al artículo de cabecera.
    Y me refería a que Jonás rebate el texto de Will Graham que a su vez trataba de refutar a Daniel Bosqued…
    Un abrazo fraternal.

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  5. Pingback: Debates sobre el infierno (II) | Blog de Jonás Berea

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