¿Despropósitos de Dios?

Por Jonás Berea (jonasberea@gmail.com)
https://jonasberea.wordpress.com/

DE LA TOUR Job menospreciado por su mujer (1630s)Después de sufrir la catarata de desastres que le sobrevinieron, Job «se levantó, rasgó su manto y se rasuró la cabeza; luego, postrado en tierra, adoró y dijo:

Desnudo salí del vientre de mi madre
y desnudo volveré allá.
Jehová dio y Jehová quitó:
¡Bendito sea el nombre de Jehová!»

Y añade la Biblia: «En todo esto no pecó Job ni atribuyó a Dios despropósito alguno» (Job 1: 22).

Creo que Dios no espera que entendamos todo lo que ocurre; no espera que sepamos distinguir con total precisión cuáles de entre todas las cosas que pasan en nuestra vida y en el mundo podemos atribuirle a él y cuáles no, y en qué medida. La irrupción del pecado y el poder de Satanás han pervertido hasta tal punto el universo que todo está contaminado y muchas cosas son confusas. A veces hasta parecería que el propio Dios no se aclara en este caos ontológico y moral. Dios no espera que tengamos una explicación para todo.

Pero el Señor sí espera de nosotros que, como Job, no le atribuyamos despropósito alguno. Que confiemos en él a pesar de los pliegues absurdos de la existencia. Aunque Job y otros personajes bíblicos son modélicos o ejemplares en muchos aspectos, no se nos presentan en la Biblia como modelos. Nadie es nuestro ejemplo, excepto Jesús, quien tuvo la osadía de ponerse como modelo (Mateo 11: 29), algo que sería pecado y presunción en cualquier otra persona, pero que en él suena natural para quien lo conoce. Cuando Pablo dice «Sed imitadores míos, así como yo lo soy de Cristo» (1 Corintios 11: 1), sin duda se refiere a la forma de abordar el asunto específico tratado en el capítulo 10, relacionado con los alimentos sacrificados a los ídolos. Pablo no es nuestro modelo.

Más que un modelo, Job se nos presenta sobre todo como un caso, como una experiencia de un hombre de hace miles de años, que resulta que soy yo, porque la naturaleza humana no ha cambiado, ni desde aquellos tiempos nadie ha alzado, en última instancia, preguntas diferentes a las que se planteó Job (aunque como cristianos, obviamente, sí estamos convencidos de que ha habido mucha más revelación que la que pudo llegar a conocer Job).

Dios muchas veces es difícil de comprender, pero en él no hay despropósitos.

[Imagen: Georges de la Tour, ‘Job menospreciado por su mujer’ (c. 1630-1640).]

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2 comentarios en “¿Despropósitos de Dios?

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