No a la manipulación, sí a la mansedumbre

Por Joel Barrios
https://jonasberea.wordpress.com/

Caravaggio, La coronación de espinas (1603)A veces como cristianos nos confundimos y pensamos que dejar que nos manipulen es una evidencia de humildad. Nada está más lejos de la realidad que ese pensamiento. Dios nunca se dejó manipular ni nunca dejará que lo manipulen. Pero tú me puedes decir: “Jesús dejó que lo escupieran, que lo patearan y que le dieran puñetazos. ¿Acaso eso no es dejarse manipular?”. Jesús fue manso, eso es algo totalmente diferente a dejarse manipular. “Entonces ¿cuál es la diferencia?”.

Cuando eres manso tú decides lo que vas a hacer porque es conveniente para mostrar la gloria de Dios. Es una decisión tuya. En la mansedumbre no existe cambio de rumbo, de propósito ni de lealtades. Por el contrario en la manipulación dejas que los que te presionan decidan por ti y por agradarlos cambias tu propósito, lealtades y rumbo. Jesús en su humillación permitió que los soldados le pegaran porque esa era justamente la manera que Satanás usaba para hacerlo cambiar de rumbo y lealtad. El permaneció firme a pesar de la presión, y con su humillación mostró la gloria de su Padre.

La mansedumbre busca agradar a Dios, la manipulación trata de agradar a los hombres. “¡Pero siempre pensé que si quería ser un buen cristiano debía dejarme manipular por mi esposo, esposa o hijos!”. Bueno, ahora sabes que estabas equivocado/a. El dejar que te manipulen llega a ser la falsificación satánica de la mansedumbre. Cuando te dejas manipular lo que evidencias es que has decidido poner a un ser humano por sobre la autoridad de Dios. Si persistes en esa actitud irresponsable, tarde o temprano terminarás explotando con una ira satánica en contra de aquellos que no tuvieron nada que ver con la manipulación.

Tú eres manipulado si como resultado de agradar a alguien dejas de poner a Dios en primer lugar en tu vida. Tú eres manso si es que decides mostrar el carácter de Dios en todo momento con amor y firmeza a pesar de las presiones. En la humildad no se pierde la dignidad; en la manipulación estás dispuesto a perder todo con tal de ganar la aprobación de alguien.

La mejor manera de ser manso ante un manipulador es no hacer aquello que te está pidiendo y que va en contra de lo que dicta tu conciencia. Sin embargo, cuando no son cuestiones de conciencia el Maestro te dice que cuando tu enemigo te pida que lleves su carga por una milla, muéstrale que has decidido amarlo llevándosela dos.

(Tomado de Facebook, 1 de octubre de 2014.)

[Imagen: Caravaggio, ‘La coronación de espinas’ (1603).]

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