Más sobre los adventistas y la guerra

Por Jonás Berea (jonasberea@gmail.com)
https://jonasberea.wordpress.com/

20140914elroto-paloma-de-la-paz-militarizadaCon motivo del estreno de la película Hasta el último hombre se han publicado bastantes textos sobre la posición de los adventistas ante la guerra. Tras ver el film de Mel Gibson publiqué un artículo sobre Desmond Doss y la objeción de conciencia. Encuentro ahora el artículo Young Adventists In A World Of War (“Jóvenes adventistas en un mundo en guerra”) aparecido en noviembre de 2016 en la Adventist Review.

En él se recoge el testimonio de Felipe Vielmann, un joven adventista que con ocasión de la Guerra del Golfo de 1991 decidió alistarse en el ejército de Estados Unidos. Describe los primeros cuatro años de entrenamiento como una “enorme bendición”. Aunque su intención era formar parte del cuerpo de Marines, el ejército le ofreció la oportunidad de trabajar como militar lingüista, a pesar de lo cual siguió clasificado como combatiente armado, “algo de lo que no considera que deba disculparse”.

Vielmann dice que “si tus razones para llevar armas son sentirte poderoso y llevar el control, estás llevando el arma por razones equivocadas”.

El artículo explica la posición tradicional adventista según la cual llevar armas es incompatible con los valores adventistas, por lo que siempre se ha admirado a personas como Desmond Doss. “Pero hoy muchos adventistas enrolados en el ejército de Estados Unidos son más de las convicciones de Vielmann que de las de Doss: contemplan portar armas –y potencialmente usarlas– como un elemento no deseable pero inevitable del servicio militar. De los 7.500 adventistas que se calcula que en 2006 servían en el ejército de Estados Unidos, prácticamente todos se alistaron como combatientes”.

“Algunos adventistas, como Vielmann”, dice el artículo “no creen que combatir entre en conflicto con los valores adventistas. ‘Para mí, era más un asunto de deber para con Dios y el país’, explica Vielmann. ‘[Tengo] la sensación de que a lo largo de la Biblia Dios siempre tuvo un ejército; Dios siempre tuvo un grupo de personas comprometidas, dispuestas a defender lo que es correcto”.

A estas alturas, no sorprenden experiencias y testimonios como los de Vielmann. Siendo que hay miles de adventistas en el ejército de Estados Unidos (y miles más en los de otros países), es una realidad que debe ser reflejada. Lo que es triste es que se haga de la forma en que se hace aquí: el artículo presenta casi exclusivamente el punto de vista de este soldado (y de otra persona con un punto de vista similar), y solo introduce de pasada algunos comentarios sobre la “posición tradicional” de nuestra iglesia y sobre la objeción al estilo de Doss, para señalar que convicciones como las suyas ya no están en boga entre los adventistas alistados en el ejército.

Lo más grave es que se reproduce la frase de Vielmann “A lo largo de la Biblia Dios siempre tuvo un ejército; Dios siempre tuvo un grupo de personas comprometidas, dispuestas a defender lo que es correcto”. Obviamente, este militar está diciendo que considera que el ejército de Dios hoy es el ejército de su país (a no ser que quiera decir que cualquier ejército de cualquier país es el ejército de Dios). Y el artículo no ofrece la más mínima réplica a semejante disparate teológico, ético y lógico.

Disparate teológico porque no es cierto que Dios siempre tuviera un ejército; ya en el Antiguo Testamento observamos que la organización militar de Israel no fue permanente, sino circunstancial; además ese ejército era el ejército de Dios solo cuando Dios lo dirigía de forma expresa y milagrosa. Nada que ver con ningún ejército actual. Y, lo que es más importante para un cristiano, a partir de Jesús no solo desaparece por completo cualquier idea de que Dios pueda tener un ejército armado, sino que el auténtico ejército de Dios son los cristianos, que combaten contra fuerzas espirituales con armas espirituales (ver El cristiano y la guerra). Si “a lo largo de la Biblia Dios siempre tuvo un ejército”, ¿cuál era ese ejército durante el ministerio de Jesús y de los apóstoles?

Disparate ético porque Vielmann asume que el ejército del que él forma parte “defiende lo que es correcto”. ¿Las invasiones de Afganistán e Irak, las intervenciones criminales en Somalia, Libia y otros países, los asesinatos ilegales con drones por todo el planeta… son “lo correcto”?

Disparate lógico porque si un joven cristiano se alista en el ejército de su país pensando que lo hace para formar parte del ejército de Dios, cualquier joven de otro país puede hacer lo mismo con idéntica convicción. Y si en algún momento esos ejércitos entran en guerra, resulta que habrá dos adventistas matándose mutuamente en el nombre de Dios.

Esa frase Vielmann no sólo es un disparate, sino que constituye una auténtica blasfemia, pues no se limita a aceptar la teoría antibíblica de la guerra justa, sino que viene a defender que hoy existe una guerra santa de Dios.

Que una iglesia como la nuestra, que desde sus orígenes tuvo como seña de identidad la aplicación del mandamiento “No matarás” a cualquier situación, tenga 7.500 miembros formando parte del ejército de Estados Unidos, y quizá miles más en otros ejércitos, debería ser motivo de preocupación para los adventistas. Y que una revista oficial de nuestra iglesia como la Adventist Review publique un artículo como el comentado debería preocuparnos aún más.

[Imagen: Viñeta de El Roto en El País, 14 de septiembre de 2014.]

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4 comentarios en “Más sobre los adventistas y la guerra

  1. El desvarío intelectual, moral y espiritual de la propuesta es brutal. Esta corriente condenará ‹probablemente‹ comer cerdo, pero acepta que se mate a un semejante. TerribleŠ En este asunto es en el único que me siento profundamente conservador, y muy cómodo con la postura del ³adventismo histórico².

    La única objeción que pondría a tu reflexión es que yo pienso que el ejército de Dios no son solo los cristianos, sino toda la gente de buena voluntad que trabaja activamente en expandir las fronteras del Reinado de Dios.

    Abrazos entrañables, amigo.

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  2. Sí, sí. Sin duda es un disparate en esos sentidos que apuntas.
    Me pregunto quién será el responsable al frente de esta publicación, y por el responsable que vela sobre ese responsable y así hasta el mismísimo presidente.
    La deriva de nuestros jóvenes en ese país, contaminada su forma de pensar por la educación y los medios de comunicación y otras influencias, es algo que los aleja de esa “libertad en Cristo” que los defendería de ser meros comparsas de la política de nuestro tiempo.
    Un abrazo!!

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  3. ¡Qué necesarias resultan denuncias como esta…!

    El militarismo creciente en nuestra iglesia es un síntoma más de la degeneración de esta, cada vez más alejada, en la práctica, del evangelio. Pero también en sus creencias, según se desprende de la “asepsia” con la que trata el asunto un órgano oficial de la propia iglesia.

    A esto nos lleva, ante todo, el haber dejado de hacer de la Biblia nuestro “libro de cabecera”. Esa es la razón de fondo de que en nuestra iglesia sea común considerar tabú la política, pero callar cuando esta se ejerce a favor del ‘statu quo’, por monstruoso que este sea. Sin darnos cuenta, nos hemos ido haciendo aliados del “príncipe de este mundo” (Juan 12: 31).

    Yo no sé si Vielmann considera que el ejército del Imperio Genocida es el ejército actual de Dios; en todo caso, no puedo dejar de recordar que el Hijo de Dios, en el Sermón del Monte, se opone a cualquier práctica violenta (incluso de resistencia) por parte de un cristiano (ver Mat. 5: 9; 38-48). Ya solo eso debería revertir de inmediato las tendencias violentistas de esta iglesia cada vez más corrupta.

    Mil gracias, en todo caso, a Jonás por abordar esta cuestión de manera tan atinada, ética y lógica.

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  4. Se dice en el artículo: “observamos que la organización militar de Israel no fue permanente, sino circunstancial” Eso ha sido así durante mucho tiempo y en muchos países. Por ejemplo, en las huestes españolas de la Reconquista fue así. Los ejércitos permanentes en la Europa Occidental son justo posteriores a la Revolución francesa.
    Se dice, también: “ese ejército era el ejército de Dios solo cuando Dios lo dirigía de forma expresa y milagrosa”. Milagros hubo en la guerra contra Amalec y en la toma de Jericó. Pero en un caso y en otro, el acto sobrenatural sirvió para que hombres armados, según se dice hoy en ciertos sectores, se cometiese un genocidio. Al menos en el segundo caso no fue completo, se salvaron algunos ancestros del Salvador.

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