Profecía y ética

Por Jonás Berea
https://jonasberea.wordpress.com/

pexels-photo-27869-largeLos adventistas del séptimo día interpretamos que las dos bestias que se describen en Apocalipsis 13 simbolizan respectivamente al papado como institución blasfema e históricamente perseguidora, y a los Estados Unidos de América como potencia que traiciona sus ideales y se convierte en un dragón maligno. Esta interpretación (que se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, y que Elena G. de White desarrolló en el capítulo “Los Estados Unidos en la profecía” de El conflicto de los siglos) puede resultar incómoda y difícil de comunicar para muchos, especialmente en el país en el que nació la Iglesia Adventista y en el que hay cerca de un millón de miembros de esta comunidad.

Cuando en algunas iglesias y publicaciones denominacionales se expone esta interpretación a la luz de la historia y de los acontecimientos actuales, es frecuente oir que será en el futuro cuando Estados Unidos comenzará a “hablar como un dragón”, en concreto cuando se apruebe una ley dominical y se persiga a los observadores del sábado. Pero no se suelen aplicar los rasgos del dragón a otro tipo de hechos protagonizados por la gran potencia norteamericana, e incluso se hacen aplicaciones peculiares como la que cuenta Jeff Boyd en el artículo What Adventists Get Wrong about the U.S. in Prophecy (“Lo que los adventistas entienden mal sobre EEUU en la profecía”), publicado en el blog Pomopastor de Marcos Torres.

Boyd cuenta cómo escuchó un sermón sobre Estados Unidos en la profecía bíblica, que por lo visto se predicó en ciento setenta iglesias de la Unión del Lago. En él básicamente se afirmaba que Estados Unidos nació como una buena nación cristiana (era semejante “a un cordero”), pero que con el tiempo las leyes se han vuelto malas, en concreto contrarias a las libertades cristianas (habla “como un dragón”). Y se ponía como ejemplo la crisis de la familia y las leyes que la permiten (aunque no se mencionaba el matrimonio homosexual, se sobreentendía la referencia al mismo).

A Boyd le llamó la atención que el sermón se centrara en esas leyes actuales, pero que no se mencionara la esclavitud que durante tanto tiempo existió en ese país, de modo que implícitamente se transmitía la idea de que esta práctica no desacreditó a Estados Unidos como nación cristiana. Boyd recuerda que más de diez millones de africanos fueron transportados como esclavos a Estados Unidos, a los que hay que sumar todos los que nacieron bajo la esclavitud, y se pregunta: “¿El abuso sobre esas familias no invalidó el gran despegue cristiano de este país, pero el matrimonio gay sí?”. Y considera que si así se cree, es necesaria una reconsideración de nuestra interpretación de la profecía.

Jeff Boyd propone que simplemente se modifique un aspecto del sermón: “Entender que ambos rasgos (cuernos de cordero pero discurso de dragón) se manifiestan a lo largo de su historia, en lugar de decir que uno fue primero y otro después. Es decir, ya en sus inicios los Estados Unidos mostraron una apariencia piadosa (aspecto de cordero), pero hablaban como un dragón (los esclavos no eran tratados como humanos)”. Cita al historiador adventista Doug Morgan, quien afirma que los primeros adventistas “señalaban a la esclavitud y al tratamiento intolerante de los disidentes por parte del establishment como evidencia del cumplimiento de la profecía”.

Boyd comenta que en el sermón también se minimizó la llegada violenta de Colón y los conquistadores europeos. Además muestra su frustración al ver cómo los adventistas “aceptan el punto de vista según el cual los cristianos estadounidenses están siendo perseguidos en gran medida hoy. Permitir que las parejas de gays y lesbianas se casen no es perseguir a los cristianos; los cristianos todavía somos libres de adorar como queramos. No es lo mismo ser perseguido que simplemente no poder imponer los valores morales de uno a los demás”.

Por otro lado, “en el sermón se describía el rápido ascenso de la superpotencia estadounidense como una bendición de Dios”, algo que a Boyd le hizo sentir vergüenza porque la esclavitud fue un factor decisivo en el crecimiento económico del país. “Más tarde el dominio militar se convirtió en otra herramienta injusta para la expansión económica”, dice, y pone los ejemplos de Smedley Butler (quien confesó ser “un gangster del capitalismo”), John Perkins (autor de Confesiones de un gángster economico), o la intervención de la United Fruit Company en Guatemala. “Decir que aquel crecimiento de la economía de Estados Unidos y nuestra consiguiente posición de poder en el mundo son consecuencia de las bendiciones de Dios implica esconder demasiada historia debajo de la alfombra”, escribe.

Y concluye su artículo así: “Si la interpretación adventista de la profecía es correcta, entonces sin duda se puede presentar de una forma equilibrada y significativa que (a) no ignore las flagrantes injusticias como la esclavitud y el imperialismo y (b) no acepte las formulaciones populares del victimismo cristiano en Estados Unidos que suenan a hueco comparadas con la auténtica persecución de otros tiempos y también en otros lugares actualmente”.

Consuela leer textos como este de Jeff Boyd y comprobar que al menos algunos adventistas estadounidenses tienen suficiente espíritu crítico, información histórica y sensibilidad como para no asumir acríticamente el discurso nacionalista dominante, y comprender que la profecía bíblica no sólo advierte sobre injusticias y persecuciones que previsiblemente recaerán sobre nosotros en el futuro, sino que también señala a las agresiones contra la dignidad humana, la paz y los derechos humanos.

En esa misma línea, convendría releer el magnífico artículo que escribó Keith A. Burton en 2011, ¿Debemos permanecer en silencio?, en el que plantea cuestiones muy pertinentes hoy.

Concluyo reproduciendo un párrafo de mi artículo Con cien años de retraso: lecciones de 1914:

“Algunas posiciones de nuestra iglesia ante determinadas situaciones sociales y políticas están condicionadas por una visión estrecha de las profecías sobre el tiempo del fin. En concreto, muchos se centran tanto en la persecución que creemos que los observadores del sábado sufriremos antes de la venida de Cristo, que sólo son capaces de alarmarse ante los posibles signos que anuncian una ley dominical; mientras tanto, se insensibilizan hacia las agresiones a los derechos básicos que otros colectivos puedan estar soportando. Estamos preparados para sufrir persecución por el sábado, pero no por otras causas, ni por otras personas. Precisamente profecías como las de Apocalipsis 13 y Apocalipsis 17 nos advierten sobre la naturaleza diabólica de ciertos poderes terrenales, a los que debemos plantar cara como cristianos. Es imprescindible recuperar un enfoque ético en nuestro análisis de la actualidad.”

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