Nuestro peor enemigo

balzacPor Joel Barrios
https://jonasberea.wordpress.com/

El orgullo es el peor pecado y se puede manifestar en un sinnúmero de formas. Simplemente presentaré algunas:

a) Cuando nos sentimos superiores a otros ya sea por educación, posición social, raza o religión.

b) Cuando queremos ser un “ejemplo para los demás” y vivimos intentando mostrarles a todos cuán “buenos cristianos” somos. (Jesús es el único ejemplo, lo único que debemos hacer es dejar que viva en nosotros. Él será el centro, no nosotros y “nuestro buen cristianismo”).

c) Cuando no podemos respetar los derechos de aquellos que no piensan como nosotros y los criticamos y perseguimos.

d) Cuando no estamos dispuesto a recibir enseñanzas bíblicas frescas que amenazan derribar nuestras viejas tradiciones.

e) Cuando discutimos con nuestra esposa o hijos y dejamos que el enojo nos controle de tal manera que no nos permite expresarles nuestro cariño incondicional.

f) Cuando usamos joyas para sentirnos superiores a los demás y cuando no las usamos para sentirnos superiores a aquellos que las usan. (La humildad no tiene tanto que ver “con usar o no usar” sino con una actitud del corazón que se manifiesta en todo lo que hacemos).

g) Cuando no estamos dispuestos a estar en armonía con los principios del reino de Dios y justificamos esa indisposición haciendo énfasis en que Dios es bueno y nos ama.

h) Cuando hacemos del centro de nuestra religión a la iglesia y a sus normas para tapar nuestra falta de disposición para poner en el centro a Dios y a las personas.

i) Cuando competimos con nuestros colegas por dar más diezmos, producir más bautismos, recibir más invitaciones a predicar, escribir más libros, tener el mejor puesto, en vez de colaborar felizmente por el éxito de ellos.

j) Cuando no sentimos necesidad de orar y vivir en la presencia de Dios, suplantándolo con estudio doctrinal y actividad frenética por la obra de Dios sin prestar atención al Dios de la obra.

No nos esforcemos por ser humildes tratando de disimular las manifestaciones de nuestro orgullo. Simplemente confesemos nuestra impotencia para que Dios nos de su Espíritu a fin de que él sea humilde en nosotros.

(Publicado originalmente en Facebook el 2 de junio de 2014.)

[Imagen: Auguste Rodin, ‘Monumento a Balzac’ (1897).]

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