Rumores, vida privada y vicios evangélicos

Por Nicolás Panotto
https://jonasberea.wordpress.com/

imageLa construcción de rumores es un tema ya estudiado por la antropología. No es un elemento contingente a las relaciones sociales, sino que representa un tipo de estructuración de los vínculos con peso y dinámica propios. Es una práctica vigente en todo grupo y sociedad, aunque en cada uno va tomando ribetes distintos. El rumor tiene que ver con la imaginación, construcción o especulación sobre sucesos, personas y orígenes, que parten de esa mítica y casi platónica inquietud por buscar el “más allá” (ya que lo “más acá” se desconoce), con el objetivo de explicar y legitimar cosmovisiones y posiciones de poder (al precio –muchas veces– de confundir y deslegitimar el objeto/sujeto del rumor)

En el caso del mundillo evangélico, la creación de rumores es algo muy común y casi fundamental. A diferencia de otros espacios, en este campo casi siempre el rumor va ligado a la vida privada. Las relaciones afectivas, las prácticas sexuales, la vida familiar, las posiciones ideológicas y teológicas, los amigos y espacios que se frecuentan, entre otros, son los targets más usuales para determinar tipos de vínculo, acercamientos, prejuicios y dinámicas de poder. Como sucede con todo ritual –que recrea el lugar como sagrado, por ser un espacio donde lo divino se manifiesta–, de la misma manera el rumor sobre la vida privada se encuentra “santificado” –y con ello referimos a que contiene cierto estatus de verdad inherente– ya que se adentra en el ámbito donde la fe como tal se juega. En otras palabras: el famoso “testimonio”.

De aquí el gran poder del rumor como herramienta para generar conflictos y litigios con cierto estatus (o aires) de “santidad”, o sea, de legitimación propia. Manejar el rumor sobre la vida privada (del otro) equivale a tener un arma de lucha; o sea, controlar una instancia de construcción de cosmovisiones, de legitimación propia, hasta de competencias institucionales.

Como todo cortocircuito con nuestras propias moralinas existenciales, vale advertir sobre las contradicciones inherentes a estas prácticas –que por momentos se transforman en vicios enfermizos– con respecto a los “principios” o “valores” de la socialización que promueve la fe cristiana, desde una perspectiva teológica y bíblica. Santiago 3 y el (mal) uso de “la lengua” en la comunidad (léase crítica y chismerío) suele ser una de las lecturas más conflictivas.

Finalmente, decir “santificado” también implica que dicha práctica pretende, por momentos, pasar desapercibida, como algo contingente, “secreto” y hasta normal, más aún cuando sus objetivos son supuestamente “nobles”, ya que tienen que ver con “destapar la verdad” de lo que (no) agrada a Dios (siempre y cuando “el otro” no se entere; si no, toda “teología” se desvanece inmediatamente). En fin: el rumor es una práctica muy cargada de valor con profundas consecuencias en las relaciones. Y en el mundillo evangélico, en todos sus espectros (hasta en aquellos donde ello se cuestiona), es un arma de doble filo (¡y afiladísima!): en nombre de la Verdad (subjetiva, personal, egoísta, prejuiciosa, y sobre todo… ¡¡desconocida!!) se pueden hacer muchísimas incisiones, con el objetivo de matar al enemigo, aislarlo socialmente, legitimar posiciones e inventar bombas de destrucción masiva que no existen.

(Tomado de Lupa Protestante, 5 de julio de 2016. Nicolás Panotto, licenciado en Teología, es director general del Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública [GEMRIP – gemrip.org].)

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