Más allá de las palabras

Por Alan J. Reinach
https://jonasberea.wordpress.com/

2016-2-03_740_494_60autoAlan J. Reinach escribió este artículo con motivo de la masacre de San Bernardino (California) del 2 de diciembre de 2015, atribuida a islamistas radicales. Tras la masacre de Orlando (Florida) del 12 de junio de 2016 sus propuestas todavía son más necesarias.

Como resultado de la violencia y de la oleada de retórica antimusulmana que vino después, ha habido muchas declaraciones maravillosas de solidaridad con la libertad religiosa. Progresistas y conservadores, religiosos y seculares, sorprendentemente han estado de acuerdo en rechazar el prejuicio y el odio religiosos. No solo no hay palabras para la atrocidad de San Bernardino; también ha llegado la hora de que vayamos más allá de las declaraciones. Hablar es muy fácil.

Si queremos enfrentar la intolerancia, el prejuicio y el odio de manera constructiva, cada uno de nosotros debe aprender a trabajar por tender puentes de amistad y comprensión. Ni siquiera ello es una apuesta segura, pero es lo mínimo que podemos hacer. Pero debe ser una amistad más allá de la tolerancia social superficial. A fin de cuentas, antes de la Segunda Guerra Mundial los alemanes trataban amistosamente a sus vecinos, tenderos, compañeros de trabajo, abogados, profesores… judíos. Pero nosotros todavía somos más vulnerables: demasiados estadounidenses no tienen amistad o relación habitual con musulmanes. Tenemos miedo de cualquier cosa –o persona– que no conocemos o entendemos.

Así que este es mi desafío: las iglesias deberían esforzarse por establecer colaboración y amistad con una mezquita de su comunidad. Tener programas conjuntos. Conocerse mutuamente. Organizar programas conjuntos de servicio a la comunidad. Organizar juntos actividades sociales. Conocer sus creencias y cultura, y darles a conocer las nuestras. Dejemos de hablar de gente a la que no conocemos, y conozcámonos mutuamente.

Los pastores deberían sin vacilar unirse a –o iniciar– asociaciones interconfesionales de ministros religiosos en las cuales se incluya a imanes musulmanes. Esto no significa diluir lo que cada uno cree, sino enfatizar nuestra humanidad común, y trabajar por derribar el miedo y los prejuicios.

La ciudad de San Bernardino ha avanzado hacia la unidad después del ataque. Todos debemos tomar ejemplo de su respuesta llena de gracia, y mostrar la gracia unos a otros, en lugar de la demagogia. Dejemos de prestar atención a los charlatanes, y no dejemos que este momento se convierta en nuestro 1938.

Un buen amigo y colega, Fabian Carballo, presidente de la North American Religious Liberty Association—West, en la que trabajo como director ejecutivo, escribió las siguientes sugerencias:

Pide a tu pastor que se ponga en contacto con los dirigentes de la mezquita local, les invite a un programa de Navidad y les muestre su reconocimiento con un pequeño regalo.

Implica a los niños de tu iglesia en una campaña consistente en escribir cartas que muestren apoyo a nuestros vecinos musulmanes.

Comparte una comida con un conocido o amigo musulmán y habla sobre lo que tenemos en común.

Manda un mensaje en nombre de la iglesia apoyando la presencia de la comunidad musulmana en tu barrio.

Celebra una feria de salud e invita a tus vecinos musulmanes para hablar sobre alimentación y sobre lo que tenemos en común (esto es especialmente relevante para mi comunidad adventista del séptimo día, que sigue una serie de principios alimentarios que resultarán familiares a nuestros amigos musulmanes).

Invita a un dirigente religioso a hablar a la congregación en los servicios de la tarde posteriores al culto, para informarles sobre las principales doctrinas de su religión, incluyendo un turno de preguntas.

Carballo continúa: Sin duda, muchos estadounidenses se opondrían a esta estrategia. Pero, ¿cuál es la alternativa? ¿Más desconfianza, más marginación, una escalada de violencia y discriminación? Nuestro ministerio trata sobre la libertad de conciencia, que es el corazón del evangelio. ¿No ha llegado el momento de que nos impliquemos de forma radical en la batalla por la libertad, y de que usemos la gracia y la amabilidad como nuestras mayores armas? Por favor, responde con tu plan de acción, y con cualquier idea adicional que puedas tener, o cualquier sugerencia sobre cómo puede ampliarse nuestro ministerio. No hacer nada es dejar que el enemigo venza.

Mi corazón se ha sensibilizado con historias que surgen de la amabilidad y la compasión. Mis amigos del Centro Médico de la Universidad de Loma Linda desarrollaron la impresionante operación de selección de pacientes que se organizó para atender a las víctimas del tiroteo de San Bernardino; y hubo actos de generosidad como el de la enfermera de Texas que donó pizzas para el personal de la sala de emergencias. Los medios de comunicación nos cuentan el lado oscuro; pero en cada tragedia hay actos de amabilidad y compasión que no se cuentan y sobre los que no oímos hablar. En esas circunstancias aflora la humanidad, y Dios está presente en el amor y el cuidado de quienes nos rodean. Sí, incluso cuando se manifiesta lo más oscuro del alma humana, como ocurrió en San Bernardino, Dios sigue siendo bueno, y su amor se sigue manifestando a través de sus hijos.

[Alan J. Reinach es director ejecutivo del Church State Council, la sección encargada de la educación y de la defensa de la libertad religiosa de la Conferencia de la Unión del Pacífico de los Adventistas del Séptimo día. Su práctica legal se centra en casos de libertad religiosa cubiertos por la Primera Enmienda, y casos de reconciliación religiosa. Reinach también es ministro adventista del séptimo día y aborda con frecuencia asuntos de libertad religiosa. Es el presentador del programa de radio “Freedom Ring”, y el principal autor y editor de Politics and Prophecy: The Battle for Religious Liberty and the Authentic Gospel.]

 

(Traducción de Jonás Berea del original en inglés publicado en el número de marzo/abril de 2016 de Liberty.)

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