Gobiernos que secuestran a niños

Por Jonás Berea (jonasberea@gmail.com)
https://jonasberea.wordpress.com/

57055ee9d6475_IMG_0363-2-580x435Marius y Ruth Bodnariu son un matrimonio de confesión evangélica pentecostal (él de origen rumano, ella noruega), que viven en Noruega. Tienen cinco hijos, el mayor de nueve años y el menor de pocos meses. En 2015 la directora del centro donde estudian dos de ellos denunció a los padres ante el organismo de los servicios sociales municipales Barnevernet, acusándolos de ser “cristianos radicales que intentan adoctrinar a sus hijos” y de castigarlos físicamente. Agentes de Barnevernet, institución con potestad para arrebatar a los niños a sus padres, acudieron en noviembre al colegio donde asistían dos de los niños y los trasladaron con otra familia. Luego se dirigieron a la casa de los Bodnariu, acompañados de la policía, de donde se llevaron a los otros dos pequeños, quedando con sus padres sólo el bebé Ezekiel, entonces de tres meses. Al día siguiente la familia acudió a la policía para intentar resolver la situación. Sin embargo dos días después agentes del citado organismo se presentaron de nuevo en su casa para llevarse al bebé.

Las explicaciones oficiales suenan kafkianas. Lars Andersen, ministro consejero de la embajada de Noruega en España, explica que “algunas familias optan por compartir la información con los medios de comunicación y la opinión pública, pero en ningún caso esto afecta a la obligación de las autoridades noruegas de guardar silencio para proteger la intimidad del menor y su vida privada”. Dice también: “Los ayuntamientos a los que pertenecen los servicios de atención al menor de los municipios son responsables de que todos los menores que tengan necesidad de ayuda la reciban. Solo las autoridades que tienen relación directa con un caso tienen acceso a la información relativa al asunto”. Añade que “las autoridades centrales noruegas no tratan casos concretos” y “tampoco tienen opción de dar instrucciones ni influir sobre cómo deben gestionarse casos concretos”.

Aunque, según se arguye, los padres llegaron a pegar ocasionalmente a alguno de los niños, no parece que las autoridades hayan sido capaces de demostrar en lo más mínimo que los niños de esta familia estaban recibiendo malos tratos (véase esta noticia y esta otra). Pero la ley noruega es muy estricta en cuanto a cualquier castigo físico, y la medida drástica que se aplica es retirar a los niños de sus familias.

El caso Bodnariu ha generado un movimiento ciudadano de protesta que reclama la devolución de los niños a sus padres y se concreta en la plataforma Stop Barnevernet, en gran medida apoyada por iglesias y creyentes de diferentes confesiones. Esta noticia ofrece datos sobre estos procedimientos que, de ser exactos, resultan espeluznantes.

En febrero de 2015 el pastor adventista Iacob Coman (de quien ya se publicó en este blog el sermón La boca de los mentirosos y los oídos de los sordos) dirigió la siguiente breve alocución a los vecinos de la ciudad rumana de Târgu Mures:

Reflexiones

Ante estos hechos, es necesario hacer algunas reflexiones:

  1. A principios de abril un juez sentenció que el bebé de seis meses fuera devuelto a sus padres, pero los otros hijos siguen retenidos con otras familias. Lo cual conduce a una pregunta obvia: si la causa real de la retirada de los niños fueron los malos tratos, ¿cómo es que se devuelve al niño más pequeño, que es el que más indefenso y perjudicado se vería ante las supuestas agresiones, y se retiene a los mayores? Algo huele muy mal en Barnevernet.
  2. La excusa del respeto a “la intimidad del menor” para que la administración guarde silencio sobre las razones que le han llevado a tomar estas medidas es absolutamente inaceptable, y corresponde a un procedimiento inquisitorial: los padres quedan como culpables y son castigados, pero no pueden conocer la acusación que se les hace ni los fundamentos de esta, por lo que se encuentran absolutamente indefensos ante la arbitraria autoridad.
  3. Como dice el pastor Coman, si las leyes permiten que las autoridades arrebaten niños a sus padres por decisión administrativa, es que son leyes que deben cambiarse. Una medida tan drástica, que tanto daño puede provocar en toda la familia, pero en especial en los niños, sólo debería tomarse cuando un proceso judicial plenamente garantista hubiera probado que el niño corre peligro con sus padres. Nadie se opondrá a una protección de este tipo. Pero está claro que hay servicios sociales que están yendo mucho más allá de estos límites.
  4. Es muy positivo que pastores y representantes adventistas se unan con dirigentes de otras confesiones para defender los derechos de la familia, u otros derechos que afectan a nuestra condición de creyentes y de congregaciones religiosas (la libertad religiosa, por ejemplo). Pero también sería deseable ver una mayor implicación de nuestras iglesias en la defensa de los derechos humanos en general, luchando contra la tortura, la guerra, la explotación laboral, la esclavitud, la xenofobia… (véase La Iglesia Adventista y los derechos humanos). Y para ello podemos buscar una acción conjunta no sólo con otras confesiones, sino también con colectivos no religiosos que combaten esas plagas.
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