¿Un Jesús alfa?

Joy Maganga (Nairobi, Kenia)
https://jonasberea.wordpress.com/

¿Encaja Jesús en las teorías de dominio?

Al recorrer las páginas de datos sobre las verdades buenas, malas y confusas del fenómeno alfa, me pregunté sobre las teorías de los machos alfa, las hembras alfa, y las abejas reinas en relación con Jesús.

¿Un Jesús dominante?

delatourJesús es, por supuesto, la única persona de la historia que dejó un trono dorado y calles de oro puro, ángeles que le servían y estaban a su entera disposición, para venir y trabajar y ser parte de la despreciada escoria humana de Nazaret, en Galilea. Sus compatriotas sabían que era imposible que de Nazaret saliera algo bueno.

Como figura pública dominante en el país, con una misión para todo el mundo, sabiendo que su único Hijo está por nacer, ¿por qué escogería usted un establo como primer domicilio? Piense por un momento: ¿qué dirían sus colegas? No, ¿qué dirían las esposas de ellos? Los primeros llantos que sobresaltan a los visitantes que observan la escena, se entremezclan con el balido y el olor de las ovejas, el estiércol y el mugido de las vacas, y quizá también el cacareo de las gallinas. ¿No había algo mejor que un pesebre como primera cuna? Un pesebre, entiendo yo, es un recipiente (por lo general en un granero o establo) del cual se alimenta el ganado o los caballos. Ya se puede escuchar a los elegantes presentadores de noticias, que no dejan de anunciarlo; son grandes titulares, y toda la nación está siguiendo el informe sobre abandono infantil. No hacen falta adjetivos gráficos, sino tan solo la historia objetiva de semejante descuido.

¿Qué hospital prefiere?

Acaso me equivoque, pero como buena keniana, creo que la dirección correcta podrían ser las suites presidenciales del Hospital Aga Khan, el Hospital de Nairobi, o cualquier otra institución médica sobresaliente. Habría flores y artículos para bebé de todo tipo. Se garantizaría la máxima seguridad y comodidad de las destacadas damas que visitaran el lugar, que comentarían sobre su bella naricita, hermosas orejitas, los deditos de sus pies, y sobre cuánto se parece a su padre. Ni siquiera consideraría la posibilidad de que me digan que no hay lugar en ningún hospital para que nazca ese Hijo. ¡Vaya atrevimiento!

Avanzando en el tiempo, se dice que el Rey, su Padre, después de asegurarse que naciera en un establo, lo dejó con un carpintero durante tres décadas, para que fuera cuidado, protegido y preparado para pertenecer a la clase baja. ¿No tienen acaso los líderes destacados las mejores escuelas para sus hijos? Asimismo, ¿no son sus niños capacitados para el liderazgo desde el vientre, para conservar el liderazgo político en la familia?

El lanzamiento de la misión

Después del drama del abandono infantil que sufrió en su nacimiento, permanece de incógnito hasta que resurge para lanzar su misión global, que es la de rescatar al mundo de la ruina inminente. ¿Cómo? Al convocar a los gobernantes, a los dignatarios romanos y a los césares. Al gobernar desde el norte del África hasta Asia y Europa, contratando sus carruajes, soldados, hombres bien educados y de acento culto, para convencer al mundo de su misión del nuevo reino venidero. Usa sus medios para diseminar esa información a todas las provincias del mundo bajo su gobierno. Se preparan planes y se revisan estrategias para garantizar el logro de los objetivos.

¡Pero no! No es así. En su lugar, su primo, un ermitaño del desierto conocido por sus ropas toscas, extraña alimentación y predicación extremista, lo presenta e introduce su proyecto al mundo. Poco después, el rey decapita a ese primo.

Con el tiempo, establece su base de recursos humanos. Escoge pescadores y otra escoria humana como Mateo el cobrador de impuestos, quien organiza una fiesta donde se congregan todos los despreciados. Una magra base de recursos humanos de doce hombres casi analfabetos que escoge como su equipo de subordinados, el medio que tiene para vender su misión a todos y en todo el mundo. Aunque no lo saben, el cronograma del Padre ya está establecido: en tres años y medio, lo quitará para llevarlo de regreso a las calles inmaculadas del cielo, dejándolos para que ellos completen la misión.

No tiene presupuesto. Comienza a caminar de aldea en aldea junto con los doce y también un número de mujeres. Las mujeres gastan dinero en él. Pero por lo general, no ha planeado dónde comer, albergarse o cómo afrontar otros gastos.

Envía a los doce para que ellos mismos vendan la misión, y les da instrucciones: No lleven nada para el viaje; busquen a alguien digno y quédense en su casa hasta que salgan de la aldea; donde los reciban, quédense; donde no los reciban, sacúdanse los pies y abandonen la aldea (véase Mat. 10: 5-14; Mar. 6: 7-11; Luc. 9: 1-5). En mi país, esto se asemeja a alguien que trabaje en Nairobi y sea enviado por su empresa a visitar la sucursal en Mandera, Nyeri o Machakos durante un mes, aunque desde la base en Nairobi (y sus sucursales) no tengan plan alguno de transporte, alojamiento, alimentación o lo que fuera. El empleado tiene que buscarse una familia que quiera alojarlo. La misión de salvar al mundo fue lanzada sin un presupuesto apropiado. El «indigente» que coordina todo, cierta vez le dijo a un aspirante a seguirlo que no tenía dónde dormir o reposar su cabeza. Tiene que haber sido una entrevista sumamente breve. Me pregunto quién de nosotros aceptaría la estrategia de este «fracasado».

El clímax de la misión

Se podría esperar que una organización con la misión de salvar a todo el mundo de la condenación inminente tuviera una sólida estrategia de capacitación y una cadena de mando apropiada. Habría que implementar una jerarquía y estructura adecuada para alcanzar el éxito. Pero su Plan Maestro fue simplemente: «Seguidme»; observen, imiten y oren por la capacitación y conversión espiritual de todo el ser, para abrazar plenamente el proyecto. Y respecto de la jerarquía, el Maestro declaró que los más pequeños de este mundo serían los más grandes en su reino, y que los últimos serían primeros. El primero que resulte ser el último produciría gran desánimo en cualquiera de nosotros que quisiera ser el primero en todo: primero en conseguir trabajo, en casarse, en comprar un vehículo o una casa, en recibir un ascenso; hasta primero en la fila a la hora de la comida, como sucederá la próxima vez que asista a un seminario y sea la hora de comer.

Entonces, ya cerca del clímax, el Maestro tiene la audacia de arrodillarse y lavar los pies de sus subordinados. En nuestro mundo, besamos los pies de los que están más arriba en la escala corporativa. Pero este humilde Maestro, que dice que sus subordinados no son siervos sino amigos (véase Juan 15:15) quiere que sepan que los ama lo suficiente como para entregar su vida por ellos. De manera similar a la decisión del Padre al momento de su nacimiento, es una situación muy incómoda. Al menos, es consecuente: nace en un comedero para animales, y se sacrifica para salvar a sus amigos y al mundo en la desnudez de una vergonzosa cruz.

Después de lavar los pies de sus seguidores y antes de morir, les dijo que se iría, pero que volvería por ellos. Lo que no sabía era la hora de su regreso, algo que solo el Padre conocía. Consoló a sus amigos, oró por ellos, y les prometió que estaría con ellos mediante su Espíritu hasta que regresara en persona; en su ausencia, ellos solos llevarían adelante el proyecto. Después de morir y regresar de la muerte, supieron que nada podría detener su regreso. Si logró volver de la muerte, podría volver de cualquier otra cosa y lugar…

(Tomado de Adventist World, 12 de diciembre de 2015.)

[Imagen: ‘San José Carpintero’, de Georges de la Tour (c. 1642).]

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