Tener y ser en el Antiguo Testamento

Por Erich Fromm
https://jonasberea.wordpress.com/

261645169Uno de los principales temas del Antiguo Testamento es: deja lo que tienes; libérate de todas las cadenas, sé tú mismo.

La historia de las tribus hebreas comienza con la orden que Dios le da al primer héroe hebreo, Abraham, de dejar su país y su clan: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12: 1). Abraham debe dejar lo que tiene (su tierra y su familia) y marcharse hacia lo desconocido. Sin embargo, sus descendientes se establecen en una nueva tierra y crean nuevos clanes. Este proceso los lleva a una esclavitud más severa. Precisamente porque se vuelven ricos y poderosos en Egipto, se vuelven esclavos; pierden la visión del Dios único, del Dios de sus antepasados nómadas, y adoran a los ídolos, y los dioses de los ricos se vuelven sus amos.

El segundo héroe es Moisés. Dios le encarga que libere a su pueblo, que lo saque del país que se ha convertido en su hogar (aunque posteriormente será un hogar de esclavos) y que vayan al desierto a “celebrar”. De mala gana y con gran desconfianza los hebreos siguen a su jefe Moisés, al desierto.

El desierto es el símbolo clave de esta liberación. El desierto no es un hogar, no tiene ciudades ni ofrece riquezas; es el lugar de los nómadas que tienen lo que necesitan; sólo requieren lo necesario para vivir, y no posesiones. Históricamente, las tradiciones nómadas están entrelazadas en el informe del Éxodo, y quizá estas tradiciones nómadas determinaran la tendencia a oponerse a las propiedades no funcionales y a elegir vivir en el desierto como preparación para la vida libre; pero estos factores históricos sólo fortalecen el significado del desierto como símbolo de una vida sin trabas y sin propiedades. Algunos de los símbolos principales de las fiestas judías tienen su origen en la relación con el desierto. El pan sin levadura es el de los que tienen prisa por partir; es el pan de los vagabundos. El suka (“el tabernáculo”) es el hogar de los nómadas: el equivalente a una tienda de campaña, que fácilmente se levanta y se desarma. Como se define en el Talmud, es “la morada transitoria”, para vivir, en vez de “la morada fija” que se posee.

Los hebreos anhelaban la abundancia de Egipto; tener un hogar fijo, alimentos pobres pero seguros; ídolos visibles. Temían la incertidumbre de la vida del desierto sin propiedades. Decían: “Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de las carnes, cuando comíamos pan en hartura; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud” (Éxodo 16: 3). Dios, como en toda la historia de la liberación, responde a la fragilidad moral del pueblo. Le promete alimentarlo: en la mañana con “pan” y en la noche con “carne”. Añade dos importantes mandamientos: cada individuo debe recoger [maná] de acuerdo a sus necesidades. “Y los hijos de Israel lo hicieron así: y recogieron unos más, otros menos. Y medíanlo por gomer, y no sobraba al que había recogido mucho, ni faltaba al que había recogido poco: cada uno recogió conforme a lo que había de comer” (Éxodo 16: 17-18).

Por primera vez, aquí se formuló el principio que Marx hizo famoso: a cada quien según sus necesidades. El derecho de alimentarse se estableció sin cortapisas. Dios es aquí la madre que alimenta a sus hijos, que no deben hacer nada para establecer su derecho de ser alimentados. El segundo mandamiento condena la acumulación, la codicia y la posesividad. Al pueblo de Israel se le ordenó que no guardara nada para la mañana siguiente: “Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y pudrióse; y enojóse contra ellos Moisés. Y recogíanlo cada mañana, cada uno según lo que había de comer y luego que el sol calentaba, derretíase” (Éxodo 16: 20-21).

En relación con la recolección del alimento, se introdujo la observación del Shabbat. Moisés dijo a los hebreos que los viernes recogieran el doble de la cantidad usual de alimento: “En los seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es sábado, en el cual no se hallará” (Éxodo 16: 26).

El Shabbat fue el más importante de los conceptos bíblicos y posteriormente del judaísmo. Era el único estrictamente religioso de los Diez Mandamientos: hasta los profetas contrarios a los ritos insistieron en su cumplimiento; fue el mandamiento más estrictamente observado durante los 2.000 años de la Diáspora, aunque su cumplimiento a menudo fue arduo y difícil. No se puede dudar de que el Shabbat fue la fuente de vida para los judíos, quienes, dispersos, impotentes, y a menudo despreciados y perseguidos, renovaban su orgullo y dignidad cuando, como reyes, celebraban el Shabbat. ¿No es el Shabbat más que un día de descanso en el sentido mundano de librar a la gente, por lo menos un día, del peso del trabajo? Seguramente lo es, y esta función le confiere el rango de una de las más grandes innovaciones de la evolución humana. Sin embargo, si esto fuera todo, el Shabbat difícilmente habría desempeñado el importante papel que acabo de describir.

Para comprender este papel debemos penetrar en la esencia de la institución del Shabbat. No es el descanso per se, en el sentido de no hacer un esfuerzo físico o mental, sino el reposo en el sentido de restablecer una armonía completa entre los seres humanos y entre ellos y la naturaleza. Nada debe destruirse, y nada debe construirse: el Shabbat es el día de la tregua en la batalla humana con el mundo. Tampoco debe ocurrir ningún cambio social. Se considera que hasta arrancar una hoja de hierba rompe esta armonía, así como encender un fósforo. Por ello está prohibido llevar algo en la calle (aunque sea tan pequeño como un pañuelo), pero está permitido llevar un peso pesado en el propio jardín. No se prohíbe el esfuerzo de llevar una carga, sino el de transportar cualquier objeto de una propiedad privada a otra, porque esa transferencia constituía originalmente una transferencia de propiedad. En el Shabbat se vive como si no se tuviera nada, sin perseguir otra meta que ser, esto es, expresar nuestros poderes esenciales: rezar, estudiar, comer, beber, cantar, hacer el amor.

El Shabbat es un día de alegría, porque ese día el individuo es plenamente él mismo. Por ello el Talmud llama al Shabbat la anticipación del Tiempo Mesiánico, y al Tiempo Mesiánico un Shabbat interminable: el día en que la propiedad, el dinero y la aflicción y la tristeza son tabú; un día en que es abolido el tiempo, y sólo domina el ser puro. […]

La historia del Éxodo tiene un fin trágico. Los hebreos no pudieron soportar vivir sin tener. Aunque pudieron vivir sin una morada fija, y sin otro alimento que el que les enviaba Dios cada día, no pudieron vivir sin un “jefe” visible, presente.

Cuando Moisés desapareció en la montaña, los hebreos desesperados pidieron a Aarón que les hiciera una representación visible de algo que pudieran adorar: el Becerro de Oro. Se puede decir que pagaron el error de Dios de haberles permitido conservar el oro y las joyas que habían llevado de Egipto. Con el oro, llevaron el deseo de riqueza: y cuando llegó la hora de la desesperación, se reafirmó la estructura posesiva de su existencia. Aarón hizo un becerro con el oro, y la gente dijo: “Israel, éstos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto” (Éxodo 32: 4).

Había muerto toda una generación, y ni aun a Moisés se le permitió entrar en la nueva tierra; pero la nueva generación, como sus padres, tampoco fue capaz de vivir sin trabas y de morar en una tierra sin tener vínculos con ésta. Conquistaron nuevas tierras, exterminaron a sus enemigos, se establecieron en esos territorios y adoraron sus ídolos. Transformaron su vida tribal democrática en un despotismo oriental: lo hicieron en pequeña escala, pero deseosos de imitar a las grandes potencias de esa época. La revolución había fracasado: su único logro fue, si puede llamarse así, que los hebreos entonces eran amos y no esclavos.

(Extracto del capítulo III del libro ¿Tener o ser? de Erich Fromm, México: Fondo de Cultura Económica, 1978, págs. 60-63.)

[Imagen: Erich Fromm (1900-1980).]

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4 comentarios en “Tener y ser en el Antiguo Testamento

  1. Mientras lo leía, me decía que esto hay que copiarlo y guardarlo pero ya…

    Nunca dejará de sorprenderme un autor tan agnóstico (por lo menos) y que tan acerbas críticas lanzase contra el monoteísmo, pero que a la vez basaba buena parte de su pensamiento en la Escritura. A su manera, claro, pero sacándole mucho jugo. Pues la conocía y no de oídas, como aquí se evidencia…

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  2. Según Fromm, “Uno de los principales temas del Antiguo Testamento es: deja lo que tienes; libérate de todas las cadenas, sé tú mismo.”. Sin duda, pero no perdamos de vista el libro de Job, para este caso su conclusión…
    Dice Fromm: “Este proceso los lleva a una esclavitud más severa. Precisamente porque se vuelven ricos y poderosos en Egipto”. ¿Y lo de esclavos…? Dios los rescata cuando eran esclavos, esclavos… no cuando lo eran de la riqueza.
    Me chirria también lo de “Transformaron su vida tribal democrática en un despotismo oriental”… Recuerdo los seminarios del profesor Pinillos, cuando nos venía a decir cómo surgió para él el individuo, la persona en singular. Lo relacionaba con los primeros profetas en Israel. Lo oponía al concepto de tribu o clan.
    Sigue diciendo: “Por ello el Talmud llama al Shabbat la anticipación del Tiempo Mesiánico, y al Tiempo Mesiánico un Shabbat interminable: el día en que la propiedad,…”.Y habitarán en ella seguros; edificarán casas, plantarán viñas, y habitarán seguros, cuando yo haga juicios sobre todos los que a su alrededor la desprecian. Y sabrán que yo soy el SEÑOR su Dios. (Ezequiel 28:26). Y: Restauraré el bienestar de mi pueblo Israel, y ellos reedificarán las ciudades asoladas y habitarán en ellas; también plantarán viñas y beberán su vino, y cultivarán huertos y comerán sus frutos. (Amós 9:14)
    Como re-jubilado me hace pensar eso de “Dios es aquí la madre que alimenta a sus hijos, que no deben hacer nada para establecer su derecho de ser alimentados…”.Sí, venimos a ser nuevamente como niños, aunque no tan bien alimentados… de paso hacia Canaán. Donde para entrar hay que ser como niños…
    jjm

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  3. EL MARXISMO YA INTENTÓ COLARSE EN LAS IGLESIAS CRISTIANAS CON LA REVOLUCIÓN CUBANA Y EL MAYO DEL 68… A BUENAS HORAS MANGAS VERDES…

    Por primera vez, aquí se formuló el principio que Marx hizo famoso: a cada quien según sus necesidades.

    Analizar el Antiguo Testamento, incluso el Nuevo Testamento, con una visión marxista es algo pasado de moda. Vosotros sois los nuevos cristianos que habéis ocupado la iglesia adventista para convertirla en una iglesia asamblearia?. Llegáis tarde. Eso ya lo intentaron otros en el siglo XX y fue un fracaso total. Por qué tanto empeño en politizar la, las, iglesias?. Parece que desde la caída del muro de Berlín y el derrumbe de la vieja URSS, los izquierdosos se han quedado sin hogar. Sin referentes y sin ovejas que llevar a Siberia. Habéis aceptado la religión, las doctrinas de una iglesia, en este caso la iglesia adventista, porque es lo que más se parece a un partido político cualquiera. Pero en vuestro caso, dada la estructura jerárquica y sumisa de las religiones, os encontráis mejor en ellas. Las iglesias imitan a los partidos políticos, y éstos imitan a las iglesias. Dictadura igual a dictadura. Yo mando y tu obedeces… Mañana será otro día…

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