Desenmascarando nuestro orgullo

Por Joel Barrios
https://jonasberea.wordpress.com/

JOHN BAGNOLD BURGESS El cura preferido (1880)Aunque hay muchas cosas que el orgullo puede hacer, hay algunas cosas que evidencian su incapacidad total. El orgullo no puede aceptar que el perdón es dado por Dios solamente por aceptar lo que Jesús hizo. Es por eso que dice: “Ojo, si bien acepto lo que Jesús hizo, yo quiero también demostrarle que me merezco su aceptación haciendo algo bueno por él”. A él le atrae la idea de intentar recibir el perdón por hacer algo; cuando no lo logra se desespera y en vez de aceptarlo prefiere vivir condenado. Esa actitud lo lleva a pensar muy en su interior: “¡Que humilde que soy! ¡Yo sé que no me merezco nada, por lo tanto me autocondeno!”

El orgullo se autoengaña pensando que puede llegar a ser humilde, y es así que en algunos casos vive para intentarlo. Como hay una imposibilidad esencial en el intento, para poder compensar los momentos en el que su disfraz no puede tapar las evidencias de su soberbia, las “buenas” obras son el recurso inmediato del cual se aferra para poder continuar con el teatro con el cual se autoengaña.

Como no puede someterse a Dios, es capaz de vivir sometido a hombres o a sistemas en los que se asegura su pertenencia por medio de la aceptación de “creencias” abstractas que le permiten seguir siendo él mismo, pareciendo que es mejor. El orgullo puede llegar hasta el nivel de devolver bien por mal simplemente para demostrarle a su entorno que él sí es un buen cristiano. Intenta reflejar a Cristo en sus acciones con el propósito de sentirse superior a otros, pero no puede reflejarlo en sus intenciones. Le encanta hacerse la víctima y hablar de todas las injusticias que le hicieron por causa de su valentía y osadía. Puede incluso hasta llegar a dar la vida por una causa con tal de no vivir para glorificar a Cristo.

Al orgullo le fascina que le digan que es humilde, así como a Satanás le encanta disfrazarse de Jesús. ¡Pobre orgullo! ¡Admira lo que odia e intenta ser lo que no puede!

Todos, sin importar lo que parezcamos, estamos infectados por este mal. Aceptar la salvación como es ofrecida gratuitamente en Jesús es lo que lo hiere. Ese es el evangelio que es poder. El poder comienza cuando aceptamos nuestra incapacidad. Eso es justamente llegar a ser pobres en espíritu. Pero no nos confundamos, el aceptar que no podemos hacer nada no nos hace humildes, simplemente eso es el resultado de llegar a ser conscientes de nuestro orgullo por medio de la revelación de Jesús.

Por el otro lado, cuando el orgullo llega a esa instancia dice: “Como no puedo hacer nada, ¿entonces de qué sirve vivir para hacer el bien?” Esta es otra artimaña que el orgullo utiliza con tal de no hacer aquello que más le repele: entregarse a Jesús. Antes él quería salvarse sin Cristo, y ahora quiere permanecer en la fe sin él.

Es necesario que entendamos de una vez por todas que el orgullo no tiene un problema con la ley, no tiene un problema con la iglesia, no tiene un problema con las buenas obras, no tiene un problema incluso con vivir una vida correcta; tiene un problema con Jesús. Él intentará hacer cualquier cosa, con tal de no dejar que Jesús sea supremo en la vida porque cuando eso suceda ya no habrá lugar para él.

Que Dios nos haga conscientes a todos de nuestro gran problema. Es hora de dejar de intentar ser buenos y de que dejemos que Cristo sea bueno en nosotros.

(Publicado originalmente en Facebook el 28 de abril de 2014.)

[Imagen: John Bagnold Burgess, ‘El cura preferido’ (1880).]

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4 comentarios en “Desenmascarando nuestro orgullo

  1. Hola mi nombre es José Díaz, tengo 21 años y mi problema es que creo que por dentro soy egoísta y no lo reconoszco y siempre trato de sentirme especial para alguien pero al final me doy cuenta que no lo soy para nadie. En las noches lloro sobre mi vida, en todo lo que e vivido sin un proposito tratando de buscar el porque estoy aquí y cual es mi mision. Mi consciencia me revela todas las cosas malas que e hecho y lloro de dolor por los errores del pasado. Me siento solo como si nadie me entendiera y creyendo aveces que no merezco el amor de Dios. Mi familia es evangelica y estoy congregado en una iglesia pero aun así me siento muerto espiritualmente. Necesitó un consejo que pueda darme ánimos y alientos. Siempre cuando busco ayuda siempre me dicen que ore y lea la palabra, yo se que esta bien pero aveces preferiria escuchar las palabras de Dios a travez de una persona porque yo se que si es palabra de Dios la creeré con todas mis fuerzas.

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  2. Estimado José, creo que la clave está en “abandonarte” en Dios. Dejar que sea Él quien rija tu vida sin esperar encontrar el sentido de tu existencia en el reconocimiento y aceptación de los demás. El consejo que te dan de que ores es muy sabio porque Dios y sólo Él puede darte la paz y la confianza que buscas. Si lo buscas de todo corazón, Él te va a dar lo que realmente necesita tu alma. Un abrazo en Jesús. Ruth

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  3. Estimado José:

    Gracias por la sinceridad de tu comentario. No me considero buen consejero, pero yo también creo que es un buen consejo entregarte a Dios en oración, y recrearte en su Palabra. Claro que, sin duda, también necesitamos compartir nuestras inquietudes con nuestros semejantes. Quizá lo necesario no es tanto “escuchar las palabras de Dios a través de una persona”, al menos no directamente, sino compartir la Palabra de Dios con otras personas. Es decir, conversar en profundidad con otros creyentes sobre Dios, y por supuesto sobre tu situación, en la medida en que haya confianza. Otros te aportarán cosas y seguro que tú también puedes aportárselas a ellos. Más que “guías espirituales”, yo creo que los cristianos debemos buscar compañeros de camino. Es mi convicción personal.

    Y si no dispones de nadie de confianza, creo que si le pides a Dios que te dirija a buenas compañías que te apoyen en tu caminar, él te guiará. Pero sin olvidar que, en última instancia, nuestra relación con Dios no puede tener mediadores humanos, y que todo ser humano es falible, solo Cristo no fallá jamás.

    Un abrazo en Jesús:

    Jonás

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  4. José, déjame decirte que estás en el buen camino: al reconocer tu impotencia moral, puedes permitir que Jesús actúe en ti a través de su Espíritu. Es más, el hecho de que tengas mala conciencia muestra que el Señor ya está actuando en ti, pues es él quien nos da la convicción de pecado.

    Sobre esta base, no puedes dudar de que Dios está muy cerca de ti. Decide entregarte a él, de la manera en que te han dicho Yosanblog y Jonás. Ponte por entero en sus manos: “Encomienda a Dios tu camino y él hará” (Sal. 27: 5).

    Un saludo fraternal.

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