¿Dios vive?

Por Joel Barrios
https://jonasberea.wordpress.com/

SAENREDAM, Pieter Jansz (1597-1665), Interior of the Choir of St Bavo at Haarlem, 1660Las personas del mundo tienen derecho a exigir que en la iglesia cristiana se revele un espíritu diferente. Ellos muchas veces escuchan nuestro discurso y parece atractivo. Sin embargo cuando se despierta su curiosidad y comienzan a relacionarse de una manera más íntima con el grupo de gente que hace tal pretensión encuentran las mismas realidades y actitudes miserables que experimentaban en el mundo, nada más que disfrazadas con un manto de santidad.

Hegel y Nietzsche no estaban equivocados cuando decían: “Dios ha muerto”. Su frase era como la frase de unos niños que están descubriendo una realidad profesada por un grupo de gente que al final eran tan ateos como ellos. Ellos no podían ver a Dios en el seno del lugar donde se supone que viviera: su iglesia. ¿O a caso pensamos que la iglesia de la Edad Media tenía a Dios en su seno?

No se puede definir a Dios en una discusión o una doctrina para apoderarnos de él como si fuera propiedad de una institución humana. A ello se recurre cuando no lo encontramos en nuestra experiencia. En el único lugar donde Dios puede hacerse evidente es en la experiencia de su iglesia viviente. En la vida de sus miembros y punto. Si él no está allí entonces el ateísmo será la filosofía más “razonable” mientras no haya un cambio de circunstancias.

Sé que alguien debe estar pensando que lo que estoy escribiendo es peligroso. Pero yo no lo digo, lo dijo Jesús: “Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti. Que también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17: 21). En otras palabras, “el mundo” creerá que Jesús es Dios cuando estemos unidos. En otras palabras: cuando nos amemos. Por consecuencia, si eso no sucede el mundo creerá que Jesús es simplemente un personaje histórico pero no el enviado de Dios.

Es allí, entonces, que nos hacemos responsables del ateísmo. Nos condenamos a nosotros mismos hablando de la insensatez de ellos, cuando nosotros mismos vivimos en los parámetros que señalan la ausencia de Dios en nuestro medio, a saber: competencia, celos, persecución, orgullo, soberbia, condena, ostentación de posiciones y títulos, estrategias de marketing, personas usadas como medios, control, coerción, miedo a los hombres, lucha por posiciones que implican jerarquías, fanatismo legalista, libertinaje presuntuoso, etcétera, etcétera, etcétera. ¡Basta ya de estas miserias que se esconden detrás de una aseveración doctrinal que pretende definir la verdad en teología fría y no en vida!

Si es que realmente creemos en Dios, debemos estar dispuestos a vivir en los parámetros que Dios propone y la iglesia debe transformarse en la empresa más diferente, pura e íntegra que existe. Cuando eso suceda el mundo dirá: “¡Dios vive!” No necesitaremos recurrir a argumentos científicos para demostrar la realidad de Dios, así como no necesitamos demostrarles a nuestros amigos que existimos mostrándoles un análisis de nuestra sangre. Tampoco necesitaremos imponer legalmente las formas religiosas para disimular la falta del Espíritu.

Si Dios vive en su iglesia, Dios vivirá para el mundo.

Pero ¿dónde está la iglesia? Gracias a Dios, Jesús dijo que donde haya dos que se pongan de acuerdo y se reúnan en su nombre, allí está su iglesia. Gracias a Dios, no necesitamos que la iglesia sea una institución mundial para que sea la probeta que pruebe la realidad de Dios. No necesitamos ser “más” que otros. Simplemente necesitamos “ser”.

Jesús dijo que la iglesia nace como un pequeño grano de mostaza, pero con todo el potencial viviente en su interior para llenar la tierra. Mientras haya solamente dos o tres que se pongan de acuerdo en Jesús, el infierno temblará y se estremecerá. Esa será la iglesia viviente y tendrá el potencial en sí misma de arrasar al mundo entero.

¿Qué te parece si hoy nos ponemos de acuerdo? ¿Qué te parece si nos entregamos sin reservas a Cristo? ¿Qué te parece si dejamos que el Espíritu nos tome? ¿Qué te parece si dejamos de jugar a la iglesia y nos disponemos a vivir en los parámetros que el Espíritu enmarca: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio? Eso se verá en nuestra iglesia, no por una campaña de marketing, ni por una imposición legal sobre sus miembros, sino por la experiencia espiritual de aquellos que se humillan delante de la cruz. “No es con ejército ni con fuerza, sino con mi Espíritu”.

Cuando eso suceda el mundo dirá “¡Cristo vive…!” o deseará crucificar al Cristo que vive en nosotros. Pero recuerda que esa experiencia será la antesala de nuestro reencuentro con él.

(Publicado originalmente en Facebook el 8 de junio de 2013.)

[Imagen: Pieter Jansz Saenredam, ‘Interior del coro de la iglesia de San Bavón de Haarlem’ (1660).]

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