Cuándo orar

Por Joel Barrios
https://jonasberea.wordpress.com/

Nicolaes Maes, Anciana orando (c. 1656), también conocido como Oración sin fin“Cuando sentimos que hemos pecado y no podemos orar, ése es el momento de orar. Podemos estar avergonzados y profundamente humillados, pero debemos orar y creer. ‘Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero’. El perdón, la reconciliación con Dios, no nos llegan como recompensa de nuestras obras, ni se otorgan por méritos de hombres pecaminosos, sino que son una dádiva que se nos concede a causa de la justicia inmaculada de Cristo” (E. G. White, El discurso maestro de Jesucristo, cap. 5).

Hoy es el momento de orar. Cree. No te justifiques, simplemente confiesa. Él se deleita en perdonar. Cuando vayas a él, Jesús no te dirá: “No fue nada”. No te confundas. Lo que él te dirá es que su amor es más grande que tu gran falta.

Disminuir la gravedad del pecado no hace que reduzcamos la culpa. Lo único que eso hace es traernos más intranquilidad. Ver la grandeza del amor de Jesús es lo que nos permite entender que él está dispuesto a tomar nuestro lugar en el juicio para que no seamos avergonzados delante del universo debido a nuestro gran pecado. Jesús no solamente te perdona sino que se deleita en perdonarte. Tu pecado le causa un gran dolor, pero cuando confiesas específicamente tu falta y decides creer en su sacrificio como algo suficiente, el alivio que experimentarás por creer en su perdón es parte del alivio que él siente cuando te perdona.

Hoy es el momento de orar. Experimenta con Jesús el alivio de la confesión.

(Publicado originalmente sin título en Facebook el 19 de febrero de 2012.)

[Imagen: Nicolaes Maes, ‘Anciana orando’, también conocido como ‘La oración sin fin’ (c. 1656).]

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Un comentario en “Cuándo orar

  1. “Orad sin cesar”, nos dice Pablo. Cuando la culpabilidad nos atenaza, no nos apetece. Ahí entran en juego las consideraciones del texto de cabecera. Pero es probable que convirtiendo el consejo del apóstol en una costumbre, nos costará menos orar cuando menos nos apetezca…
    Gracias.

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