El perdón

Por Joel Barrios
https://jonasberea.wordpress.com/

Lora Shelley, ConsolationLas exigencias del discipulado son imposibles de alcanzar por nosotros mismos: lee la siguiente cita:

“El que no perdona suprime el único conducto por el cual puede recibir la misericordia de Dios. No debemos pensar que, a menos que confiesen su culpa los que nos han hecho daño, tenemos razón para no perdonarlos. Sin duda, es su deber humillar sus corazones por el arrepentimiento y la confesión; pero hemos de tener un espíritu compasivo hacia los que han pecado contra nosotros, confiesen o no sus faltas. Por mucho que nos hayan ofendido, no debemos pensar de continuo en los agravios que hemos sufrido ni compadecernos de nosotros mismos por los daños. Así como esperamos que Dios nos perdone nuestras ofensas, debemos perdonar a todos los que nos han hecho mal” (E. G. White, El discurso maestro de Jesucristo, cap. 5).

“Díganme que cruce una montaña”, alguien puede decir. Otro puede decir: “Mándenme a predicar a los aborígenes de un lugar remoto”. Incluso alguien puede suplicar: “Pídanme que dé una gran donación por una buena causa”. Todo esto es muy lindo, pero Jesús te pide algo más. Es algo más grande que todo aquello que tú estás dispuesto a ofrecerle. Él te pide que perdones. Justamente es a lo que más nos resistimos, pero es aquello que nos traerá la paz que hoy por hoy no tenemos.

Perdonar no es olvidar, sino que es “rendirse”. Pruébalo. Deja de luchar por tus derechos. Deja de tratar de tener la última palabra. Deja de esperar el día que Dios haga juicio al que te hizo daño. Pero rendirse no significa dejar de luchar. Todo lo contrario. El que no perdona es el que dejó de luchar. Rendirse es el primer paso para poder amar y amar es el estado más activo que una persona pueda experimentar.

Teniendo la posibilidad de recibir tantas bendiciones de Dios, has vivido todo el tiempo pensando que tu mayor bendición se dará cuando veas a la otra persona castigada. Te engañaste. Seguramente la persona que te hizo daño irá al infierno, pero si tu mayor deseo ha sido ser testigo de su castigo entonces Dios te lo concederá para que estés junto a él. Has vivido todo este tiempo en la antesala del infierno cuando podrías haber vivido en la antesala del cielo.

El rencor siempre te sigue manteniendo cercano a aquel que se ha declarado tu enemigo. Es lo que le permite herirte a pesar de no tener ningún tipo de contacto contigo. Si hoy estás dispuesto a perdonar te desatarás de las cadenas que te han atado a la persona que te daña. Pero déjame aclararte algo: no te rindas nunca a ninguna persona, ríndete a Jesús, es justamente él el único que nunca te hará daño y te protegerá.

No te confundas respecto al perdón

El evangelio nos manda perdonar a todos. No solamente a aquellos que se han equivocado, sino también a aquellos que han pecado contra nosotros. En una meditación anterior ya presenté lo que es el perdón bíblico. Sin embargo, hay algo que como cristianos debemos entender: el perdón no necesariamente significa reconciliación aunque sí apunta a eso.

Dios solamente se reconcilia con aquel que acepta el regalo del evangelio y su de su arrepentimiento (cambio de mente o actitud). Hay muchos cristianos que unen estos dos conceptos en uno y cuando perdonan dan rápidamente el paso de la reconciliación sin considerar el arrepentimiento como una condición. Esto abre la puerta para ser heridos y destruidos otra vez por aquellos a los que no les interesa una relación creciente sino servirse de ella con fines egoístas.

José había perdonado a sus hermanos antes de que llegasen a Egipto. Sin embargo antes de reconciliarse con ellos los probó para ver si estaban arrepentidos. Jesús dio y ofreció perdón a todos los fariseos, sin embargo no todos los fariseos llegaron a ser sus discípulos.

Tu deber es perdonar a todos, incluso debes hacerlo antes de que te pidan perdón aquellos que te hirieron. Pero presta atención a esto: no es tu deber reconciliarte con alguien si es que no da frutos de arrepentimiento. Si no prestas atención a esto, puede ser que vivas continuamente hiriéndote por los caprichos de aquellos que no desean cambiar y así llegará un día en el que te resientas con Dios pensando que te está pidiendo hacer algo que nunca te pidió.

Dios te bendiga y te dé sabiduría para entender la diferencia.

El perdón se pide pero no se exige

Todos los verdaderos seguidores de Cristo tenemos el deber de perdonar. Muchas veces estamos esperando que alguien nos pida perdón para perdonarlo. Si es ese es tu caso, todavía no estás experimentando el evangelio y todavía no eres libre en Jesús. Tú debes perdonar sin tener en cuenta si la persona cambia o no cambia, se humilla o no se humilla, viene humillada a ti o te ignora. Cuando así lo hagas, quizás algún día te pidan perdón o tal vez nunca lo hagan, sin embargo al perdonar lo único que estarás haciendo será liberarte de la cárcel que resulta del vivir en rencor.

La meditación pasada hablé que si bien debemos siempre perdonar, no siempre debemos reconciliarnos con la persona que nos hirió. La reconciliación debe ser ofrecida solamente en el contexto del arrepentimiento. Cuando eso sucede, la reconciliación complementa al perdón y hace que la vida sea incluso más plena que antes de haber pasado por la prueba.

¿Cómo puedo saber si una persona está arrepentida? El que está verdaderamente arrepentido pide perdón pero nunca lo exige. El que exige el perdón simplemente es un manipulador que por temor a las consecuencias de lo que hizo quiere volver a reconciliarse sin tomar en cuenta la herida que causó. Al manipulador no le interesa la relación. Lo único que le interesa es su propia conveniencia. El manipulador promete cambios de conducta, pero no le interesa cambiar de actitud. El manipulador estará dispuesto a subir una montaña, cruzar un desierto o ir a la iglesia si es que con eso logra su propósito, pero a él o ella no le interesará entregarse a Jesucristo.

Por eso, si quieres ser libre, Dios te pide que no te dejes manipular por nadie. Sin embargo es necesario que también entiendas que si quieres ser verdaderamente libre, Dios también te pide que estés dispuesto a perdonar incluso a aquel que desea manipularte. Las personas que no logran hacerlo viven en continuo desgaste emocional y pueden llegar a hacer las mismas o peores cosas que aquellos a quienes no perdonaron.

Pero alguien puede decir: “¿No pide Dios que sea humilde? Si yo estoy cuidando que no me manipulen ¡Viviré continuamente en una guerra! ¿En qué lugar entonces queda la mansedumbre?”

La próxima meditación trataré de analizar esas preguntas. Pero quiero amonestarte de algo: No uses esta meditación para tomar decisiones definitivas en tu vida porque no serás sabio al hacerlo. Cuando estés frente a un manipulador recuerda que tú también lo eres o lo has sido. Pon tus cosas en las manos de Dios y avanza siempre con calma, porque el apresuramiento no soluciona nada, solamente lo hacen las decisiones sabias.

Perdonar es sacrificio

Cuando hay amor, para toda herida hay perdón. Sin embargo el perdón que ofrece el amor nunca está basado en una minimización de lo que pasó, todo lo contrario. El verdadero amor hace un gran sacrificio para perdonar. No perdona simplemente porque ama, sino porque hubo un sacrificio motivado por el amor y es basado en eso que perdona. Eso es lo que hizo Dios con nuestro pecado. Dios nos perdona motivado por su amor pero ese amor lo lleva a hacer un sacrificio infinito para que el perdón pueda ser posible. Ese sacrificio tiene que ver con la renuncia de sí mismo por medio de la aceptación de cargar por la eternidad con las heridas que causó la ofensa.

Sin embargo, no confundamos perdón con reconciliación. Para que haya reconciliación debe haber aceptación y apreciación del sacrificio hecho que hizo posible el ofrecimiento del perdón. Dios ofrece el perdón a todos, pero solamente se reconcilia con aquellos que entienden que no son solamente perdonados por amor, sino que son perdonados gracias al sacrificio hecho para que el perdón exista. Sin sacrificio de sí mismo el perdón no es posible.

Es necesario que entiendas algo: los que exigen el perdón no tienen ningún tipo de arrepentimiento. No solamente no aprecian el sacrificio hecho, sino que no se dan cuenta de que la persona que está dispuesta a perdonar cargará con las heridas que causó la traición por toda su vida. El perdón no se exige, solamente se puede apreciar y se agradece.

Ahora, el hecho de que alguien no aprecie el sacrificio de ti mismo que has hecho para perdonarlo, no implica que debes dejar de ofrecerle perdón. Tu perdón debe ser ofrecido incluso antes de que haya arrepentimiento. Sin embargo la reconciliación solamente debe ser ofrecida cuando hay aprecio por el sacrificio. Así como el perdón implica un sacrificio de sí mismo, la aceptación del perdón requiere un ofrecimiento de sí mismo en aprecio y agradecimiento para restablecer una relación rota. Si no existe eso, no puede haber reconciliación.

Por el otro lado, el perdón tampoco exige nada, solamente se ofrece. Una vez aceptado por el arrepentido, no creas que entonces tienes ciertos “derechos” sobre el que te ofendió para exigirle sometimiento a tu persona. Eso solamente lo puede hacer Dios porque él es puro y santo y nunca nos hará daño. Cuando tú ofreces el perdón esperas el arrepentimiento en humildad sin exigir nada sino solo esperando el aprecio. Cuando hay agradecimiento por el sacrificio hecho, entonces la persona perdonada es habilitada para restablecer una relación humilde con el herido y a través de ella el dolor causado por la herida se transforma en una bendición que nos prepara para experimentar un gozo más profundo y maduro.

Como dice Oswald Chambers, no es el amor de Dios lo que es la causa de tu perdón, sino su sacrificio. El amor fue la motivación que hizo que Dios se ofreciera a sí mismo. Entonces si tú quieres experimentar la experiencia liberadora de perdonar debes sacrificarte a ti mismo aceptando cargar las heridas que te causó tu ofensor, pero solamente será hasta la venida de Cristo. Por eso si Cristo está dispuesto a cargar con las heridas que le provocaste por la eternidad, ¿por qué tú no estarías dispuesto a cargarlas solamente por unos años?

(Tres textos publicados originalmente en Facebook el 17 de febrero de 2012 y el 24 y el 29 de septiembre de 2014.)

[Imagen: Lora Shelley, ‘Consolación’ (2002).]

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