Héroes del silencio

Por Isabel Pavón, escritora y miembro de una Iglesia evangélica en Málaga
https://jonasberea.wordpress.com/

52618_N_19-07-12-23-20-22Están convencidos de su heroicidad. Son los fieles al silencio que intentan demostrar fidelidad a la Palabra.

Omiten sus opiniones. Todo les parece secreto. No se manifiestan ni ante los más simples detalles. Parecen huchas tragalotodo. Creen que callar les da poder. Los simples los imitan. Digo simples como podría decir cobardes, pues siempre hay personas dispuestas a obedecer. Someterse les es más fácil que hacerse responsable de las acciones propias.

Los héroes del silencio predican mudez ante cualquier situación injusta de la vida. Quieren demostrar que tomar esa actitud es sinónimo de vivir con sabiduría y amor. Es más, afirman que guardar silencio ante todo viene en los evangelios. De ese modo exponen que los problemas no existen, que todo va bien.

Se sienten héroes porque propagan el servilismo del secretismo, el egoísmo, individualismo, puritanismo… (perdonen la repetición de “–ismo”). Firman y prometen ante el Libro la ley del yonoopino.

¿Qué temen los que exigen silencio? ¿Temen que la verdad se propague? ¿Qué tiene de malo decir lo que cada uno piensa, lo que cada cual duda, lo que se desea? ¿Por qué ejercer la libertad se compara con la soberbia? ¿Por qué ese miedo a pronunciarse?

Romper el silencio es signo de querer afrontar los problemas y desear resolverlos.

Hacer uso de la palabra no es ser indiscretos, más bien es hablar cuando es preciso, opinar y manifestarse en lo que creemos, dialogar sobre cuestiones importantes con el fin de caminar con dignidad la senda que nos conduce a la meta.

Se anima a ensalzar el silencio. Se le disfraza de virtud, de prudencia cuando en realidad, para muchos, tiene sabor amargo.

Se condena la palabra cuando es precisamente la palabra la que nos une. El silencio separa; la falta de respuesta, la no implicación, lleva al aburrimiento de las almas que necesitan oír algo que les demuestre que están vivos, que son importantes y necesarios.

El silencio oculta maldades y provoca tristeza al que necesita consuelo. ¡Cuántas veces es preciso romperlo con el fin de ayudar!

Enmudecer es pasar por la vida en vano. Enmudecer es, según las circunstancias, como mantener la mentira.

Los que callan manifiestan cierto oscurantismo que se palpa. Su actitud no siempre significa paz, más bien es como un veneno cobarde que corroe. Seguir en silencio ante una iniquidad es consentirla.

Contra el mal del silencio, practiquemos la palabra. Es mejor hablar, opinar y equivocarse, que vivir la vida sumergidos en la mudez. Hablemos en el momento preciso, palabra justa y buena.

“Decir la palabra adecuada en el momento preciso es como manzana de oro servida en bandeja de plata” (Prov. 25: 11).

¡Qué pena morir sin haberse pronunciado ante las injusticias!

(Publicado originalmente en Protestante Digital el 19 de julio de 2012.)

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