La jerarquía

Editorial de Protestante Digital, publicado originalmente el 21 de abril de 2009
https://jonasberea.wordpress.com/

El evangelio según San MateoEsta sociedad, cada vez más individualista, experimenta un fenómeno curioso: se establecen jerarquías de poder en todo tipo de instituciones, que finalmente condicionan y asumen la autoridad en todas las decisiones realmente importantes que se deben tomar, anulando la participación de las personas.

Esto lleva a la realidad de que el individualismo –sin una fuerte responsabilidad social– produce colectivos débiles, que son sometidos por lobbies o “mafias” de poder que les sojuzgan.

Quizás las personas no reconozcan esta realidad (estilo Matrix), especialmente si viven en la dimensión más superficial de lo que ocurre a su alrededor. Realidad que, además, no se ve a simple vista porque la propia jerarquía negará que lo es, y se disfrazará de diferentes maneras; siempre con tal de pasar desapercibida, porque es así como desarrolla (en la sombra) su máximo control.

Por ello, para ayudar a reconocer estas estructuras de decisión jerárquica, hemos escrito un sencillo decálogo que pueden aplicar de manera fácil y –creemos muy útil.

1. La jerarquía decide, el pueblo es simplemente informado de sus decisiones (y a menudo, sólo a veces, y después de haberse producido).

2. La jerarquía no necesita consultar la opinión del pueblo al que en teoría representa, aunque puede –si lo ve necesario escucharlo o hacer que le escucha.

3. La jerarquía es y representa la unidad vertebrada de la institución.

4. Si alguien atenta contra la línea de actuación de la jerarquía, atenta contra el propio pueblo.

5. Sólo se podrá informar u opinar de aquello que la jerarquía considera positivo, conveniente o necesario.

6. Cualquier información u opinión contraria a la jerarquía debe ser ignorada, y a ser posible anulada.

7. La jerarquía admite sin problemas la pasividad y el silencio, pero nunca la crítica.

8. La jerarquía excluye personas de valía, porque lo esencial es el apoyo a la jerarquía, no el debate y la aportación de ideas y de valores.

9. La jerarquía se rodea de quienes siempre le dan la razón, o al menos actúan como si se la dieran.

10. Si la jerarquía se equivoca, se deberán aplicar rigurosamente los nueve puntos anteriores.

Debemos decir que el principio de actuación de Jesús fue profundamente individual, pero a la vez echando el mayor peso en la responsabilidad de cada conciencia. A partir de ahí, la iglesia es la suma de esas individualidades responsables, que en amor y verdad conviven en un cuerpo vivo, cuya cabeza es Jesús. Sin jerarquías, al menos tal y como concibe el cristianismo protestante en su visión de las enseñanzas de la Biblia.

Por ello, el concepto social protestante es contrario a las jerarquías, eclesiales y sociales (que de todo hay: religiosas y laicas; fundamentalistas y liberales; políticas y ácratas). “La aportación de Calvino y los reformadores, en general, fue importante para construir las bases de una nueva democracia. Particularmente en comparación con otras confesiones, que están organizadas de modo más jerárquico y dan menos importancia a la educación y participación de los creyentes, el calvinismo ofrece un gran potencial de innovación y reflexión a las sociedades modernas”, decimos en la información que publicamos esta semana, aludiendo a una exposición sobre la persona de Calvino.

Por ello, es importante que apliquemos el decálogo antes mencionado (mejorable y personalizable, desde luego). Porque cualquier jerarquía, a la larga (y a veces a la corta) distorsiona la imago Dei y su expresión comunitaria en todos los ámbitos.

Necesitamos más personas que asuman su responsabilidad en comunidad; y menos jerarquías que diluyan la responsabilidad individual, asumiéndola y sustituyéndola por una aristocracia que gobierna para el pueblo pero sin el pueblo.

Cuando esto ocurra, la Iglesia, la política, y la sociedad serán mejores. No perfectas, pero sí capaces de caminar por sí mismas sin la ortopedia jerárquica correspondiente y con un seguro contra la corrupción, las injusticias y el abuso de poder.

Porque al fin y al cabo el amor, la verdad, la comprensión y la justicia no dependen de las jerarquías, sino de personas que asumen estos valores como una responsabilidad y un derecho irrenunciables ante su propia conciencia (y en última instancia, ante el creador de las conciencias: Dios).

[Imagen: fotograma de El evangelio según San Mateo (1964), de Pier Paolo Pasolini.]

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