La batalla contra uno mismo

Por Joel Barrios
https://jonasberea.wordpress.com/

Auguste Rodin, 'Los burgueses de Calais' (1888)“Los intereses de Dios y los de Mammón no pueden armonizar en forma alguna. Donde la conciencia del cristiano le aconseja abstenerse, negarse a sí mismo, detenerse, allí mismo el hombre del mundo avanza para gratificar sus tendencias egoístas” (E. G. White, El discurso maestro de Jesucristo, cap. 4).

Consecuencia: la vida cristiana está reservada solamente para aquellos que están dispuestos a luchar la batalla más dura de la vida, la guerra contra uno mismo. La religión de Cristo comienza con una gran crisis, pero termina con una gran satisfacción. La religión del mundo comienza con mucha gratificación y se transforma en una crisis permanente.

“Nadie puede ocupar una posición neutral; no existe una posición intermedia, en la que no se ame a Dios y tampoco se sirva al enemigo de la justicia. Cristo ha de vivir en sus agentes humanos, obrar por medio de sus facultades y actuar por sus habilidades. Ellos deben someter su voluntad a la de Cristo y obrar con su Espíritu. Entonces, ya no son ellos los que viven, sino que Cristo vive en ellos” (ídem).

Solución: la batalla se gana cuando no hacemos caso a lo que sentimos y entregamos nuestros sentimientos a Dios para dejar que Cristo viva en nosotros. Es Él el que vence en nosotros. No confundas la paz de Dios con la del mundo. La paz del mundo trae cierto alivio al gratificar nuestros sentimientos, la paz de Dios viene como resultado de negarnos a nuestros sentimientos y gratificar a los sentimientos de Cristo que mora en nosotros.

“Quien no se entrega por entero a Dios se ve gobernado por otro poder y escucha otra voz, cuyas sugestiones revisten un carácter completamente distinto. El servicio a medias coloca al agente humano del lado del enemigo, como aliado eficaz de los ejércitos de las tinieblas” (ídem).

Consecuencia: si no estás entregado completamente fácilmente puedes confundir la voz de Dios con la voz de tu propio corazón.

“El baluarte más fuerte del vicio en nuestro mundo no es la vida perversa del pecador abandonado ni del renegado envilecido; es la vida que en otros aspectos parece virtuosa y noble, pero en la cual se alberga un pecado, se consiente un vicio” (ídem).

En otras palabras: tu buena imagen puede ser tu mejor engaño.

“El genio, el talento, la simpatía y aun los actos generosos y amables pueden llegar a ser lazos de Satanás para arrastrar a otras almas hasta hacerlas caer en el precipicio de la ruina, para esta vida y para la venidera” (ídem).

No nos confundamos: la excelencia de nuestro servicio a Dios no está determinada por nuestros talentos, sino por nuestro carácter.

(Publicado originalmente en Facebook el 9 de febrero de 2012.)

[Imagen: Detalle de Los burgueses de Calais, de Auguste Rodin (1888).]

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