Esteban y los libertos: movimiento vs. institución

Por Joel Barrios
https://jonasberea.wordpress.com/

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Rembrandt, ‘La lapidación de Esteban’ (1625)

[Considero que el pastor Joel Barrios es una de las voces más sensatas y equilibradas en el mundo adventista actual, al menos en lengua española. Ya en el viejo blog publiqué un resumen de sus charlas en una convención de jóvenes de 2012, y este artículo que republico ahora. En Youtube se pueden localizar algunos vídeos y muchas predicaciones suyas, en especial en el canal de su congregación, la Iglesia Adventista Hispana de la Comunidad Chattanooga.

Periódicamente inserta reflexiones espirituales en su perfil de Facebook pero, al ser de acceso restringido a usuarios de esta red social, hay personas que no pueden acceder a ellas. Por ello mi intención es publicar en mi blog gran parte de estos posts, tanto pasados como futuros. Jonás Berea]

“Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo” (Hechos 6:8)

La influencia de Esteban aumentaba debido al poder del Espíritu que lo acompañaba. Es en ese momento que los de la sinagoga de los libertos entran en escena y comienzan a disputar con él. El problema no era con Esteban sino con la influencia y el poder que tenía. La mayoría de los grandes problemas internos de una iglesia comienzan relacionados con asuntos de poder e influencia.

En un ambiente secular es más fácil admitir que la contienda se debe a esas cuestiones, sin embargo en los círculos eclesiásticos esos problemas tienden a disfrazarse de problemas doctrinales. Las personas que comienzan estas contiendas generalmente son individuos como los libertos, que muestran un gran celo por la causa pero que no tienen una experiencia diaria y real con el Señor. A ellos les gusta estar siempre en medio de discusiones áridas que no llevan a ningún lado pero que hacen parecer a aquellos que los rodean como que tienen una gran preocupación por la pureza de la iglesia. Hacen de un punto un mundo y del mundo un punto si es que se trata de confrontar a los que parecen amenazarlos. Sus definiciones de Dios pueden ser lógicas, sin embargo ellas simplemente transmiten conceptos intelectuales que son el resultado del estudio pero no de la experiencia.

Ese fue el caso de los de de los libertos con Esteban. Ellos “no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba” (Hechos 6: 10) y es por eso que decidieron comenzar una batalla doctrinal en su contra.

La enseñanza y la influencia de Esteban comenzaban a socavar el poder y la influencia que ellos pretendían tener sobre el pueblo. La presentación de la verdad fresca amenazaba con desmoronar los pedestales que habían construido por tanto tiempo dentro de la institución que les daba seguridad y autoridad. Los libertos no estaban interesados en la verdad de Dios, estaban interesados en ellos mismos y habían encontrado en la institución el medio por el cual ser respetados, reconocidos y servidos, no estando dispuestos a ceder ni un pequeño espacio a aquellos que promovían cambios.

Esa es la amenaza a la cual están expuestas las instituciones religiosas que llegan a ser un fin en sí mismas. Esteban representaba al movimiento vivo que surgía dentro de una institución muerta, trayendo nueva perspectiva y frescura para el pueblo que deseaba algo que fuera verdadero. Los libertos representaban a aquellos que habían sido formados en la institución, a los que habían aprendido a vivir sacando provecho de ella. Su falta de contacto con el mundo los había encerrado en sí mismos a tal punto que no podían entender ni beneficiar a aquellos que debieran haber sido el objeto de su misión. Debido a esto, invertían todas sus energías en cuidar a la iglesia de las influencias que amenazaban con cambiar ciertas formas que eran usadas como disfraz para esconder la similitud que había con ese mundo por el cual no estaban dispuestos a trabajar.

Entre los apóstatas declarados y estos, hay una diferencia: mas allá del peligro que representa la apostasía abierta, el apóstata tiene la valentía de arriesgarse y meterse en un mundo nuevo y declararse abiertamente de qué lado está en la guerra espiritual en la que todo ser humano debe participar. El institucional, dominado por su cobardía, no se anima a pisar fuera del ámbito que le ha dado seguridad física pero que para él no tiene demasiado significado espiritual. Es por eso que estará dispuesto a hacer cualquier negocio con tal de que no amenacen su posición en la institución y por consecuencia dejará que ella sea quien establezca sus lealtades en la vida.

Cuando esa es la situación, no hay lealtad a Dios, sino lealtad a una subcultura que se ha formado como consecuencia de estar encerrados en sí mismos. La idea de un Dios forma parte del cuadro, pero simplemente será considerado como un elemento que servirá para mentarlo y defenderlo en caso de que alguien se atreva a pedir o sugerir un cambio.

“Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios” (Hechos 6: 11). En este pasaje claramente se ve la manera de actuar de estas personas que se aferran a una tradición religiosa pero que no tienen el Espíritu de Cristo. Ellos no tienen ningún tipo de principios aunque tapan esa carencia con una gran adhesión a las formas. Ellos sobornaron a “unos” para que mintieran descaradamente con el fin de mostrar que ellos estaban preocupados por el nombre de Dios.

Siempre es necesario tener cuidado con aquellos que parecen preocuparse demasiado por cuidar a Dios, defender un bando o cuidar de “la iglesia”. Si lo analizas detenidamente notarás que en la mayoría de los casos esas “preocupaciones altruistas” esconden una motivación egoísta. Juan el Bautista lo pudo discernir claramente cuando sus discípulos le hablaban acerca de que Jesús estaba bautizando como él. También Jesús pudo notarlo cuando sus discípulos le dijeron que había otras personas que estaban sanando en su nombre. La preocupación que los discípulos de Juan y de Jesús mostraban por sus maestros, era realmente un celo por la posición que ellos habían adquirido por el hecho de estar junto a ellos. Estaban fingiendo preocupación por la “causa” cuando en realidad lo único que intentaban era defender a sus propias personas.

En el caso de los discípulos era algo inconsciente, en el caso de los libertos era el rechazo abierto al llamado del Espíritu y es por eso que estaban dispuestos a quebrantar cualquier principio con tal de llegar a concretar sus fines.

Los libertos estuvieron dispuestos a hacer las transigencias morales más degradantes con tal de eliminar a aquel que amenazaba al “statu quo”. Es así que ellos sobornaron a personas para acusar a Esteban de blasfemia contra Moisés y contra Dios. No hablemos solamente de la condición de los libertos sino que es importante notar que para que los libertos tuvieran éxito hubo personas que estuvieron dispuestas a ser sobornadas por ellos.

Eso nos muestra que siempre habrá personas que desean estar alrededor del poder, pero que no confían en que Dios está en el control de sus vidas. Es por eso que les gusta andar alrededor de dirigentes que ostenten poder porque en su inseguridad y falta de fe necesitan que alguien los cobije con una figura protectora. Así como Nimrod el cazador logró el servicio de la gente a cambio de protección de las fieras, estas personas rinden un servicio ciego y degradante a aquellos que les garantizan alguna forma de protección o recompensa. Estas relaciones enfermizas son la base misma del abuso y de la perpetración de la corrupción en la institución de la iglesia que nació para servir pero que ahora vive para ser servida.

La predicación de Esteban no atacaba a la institución sino que presentaba Jesús. Siempre que eso suceda, el pecado que está camuflado con religiosidad se verá amenazado. Siempre que alguien forme parte de un movimiento se confrontará con la frialdad y solidez de la institución que no tiene vida. Nunca los movimientos nacieron fuera de una institución, sino que se formaron dentro de ella con el objetivo de renovarla. La historia nos demuestra que ese proceso es doloroso tanto para los discípulos de Cristo como para la institución misma; sin embargo esa será una realidad que no se podrá evitar. Como el movimiento trae vida con él, la institución buscará matar aquello que la amenaza con la transformación y que hace resaltar justamente aquello de que carece: poder vivo.

El poder de Dios contagia, el poder de la institución se impone. El poder de Dios inspira, la autoridad de la institución amenaza. El poder de Dios mueve, la burocracia de la institución paraliza. El poder de Dios predica, la institución dogmatiza. Esteban hablaba lleno del Espíritu Santo, los libertos discutían llenos de rabia y pasión. Esas son las realidades que se verán en los momentos donde comienza una verdadera reforma.

Hoy tú debes analizar si formas parte de una institución o de un movimiento. Recuerda que el movimiento siempre trata de renovar la institución, no intenta destruirla. Por el otro lado, la institución siempre tratará de llevar al movimiento al mismo estado en que ella se encuentra, la muerte. Ser parte de un movimiento es satisfactorio porque la fuerza del mismo no está basada en estrategias serviles ni tácticas agotadoras, sino en el poder del Espíritu. Sin embargo el hecho de poseer una fuerza que la institución no tiene hará que marques una diferencia y que ella se resista.

Ser parte de una institución significa poner todas tus energías en tratar que ella se mantenga idolatrando su estructura ya que ella es el andamio en por el cual se mantiene parada, aunque no viva. Todos los que forman parte de un movimiento también pueden formar parte de la institución, ellos la ven como un medio, no como un fin. Por otro lado, no todos los que son parte de una institución aceptarán ser parte del movimiento. Unos buscan cumplir una misión y esparcir un mensaje, los otros buscarán destruir el mensaje con tal de mantener a la institución. En tus manos está la decisión.

Pero recuerda, si eliges ser parte de un movimiento no pienses que tu misión es destruir, sino renovar. Los que son llenos del Espíritu Santo solamente pueden dar vida. Por otro lado, si eliges ser parte de la institución recuerda que si estas gastando tus energías en destruir el movimiento, lo único que harás será fortalecerlo. La única manera de destruirlo se llevará a cabo cuando logres que los integrantes del movimiento crean que la estructura es la que da vida y no el Espíritu.

La Biblia nos dice que habrá una generación final que formará parte de un movimiento que no se dejará engañar por esa mentira. Esa generación permitirá que el Espíritu haga renacer el movimiento que comenzó después de la ascensión de Cristo. Tú has sido llamado a ser parte de él.

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