Abuso espiritual en la iglesia

Por Jaume Llenas
https://jonasberea.wordpress.com/

552526c753e74_Capturadepantalla2015-04-08ala(s)15.00.38[Del 4 al 7 de mayo de 2015 la Alianza Evangélica Española (AEE) celebrará, como cada dos años, su Seminario de Teología y Psicología Pastoral; en esta ocasión el tema principal es “Pastoral y abuso espiritual”. Protestante Digital ofrece (en audio y transcrita) una entrevista con Jaume Llenas, secretario general de la AEE.

La mejor manera (la única, en realidad) de solucionar un problema, por muy doloroso que sea, es afrontarlo abiertamente y no negarlo. Selecciono algunos párrafos de la entrevista, y añado destacados, por si algunas de estas ideas pudieran aplicarse a la Iglesia Adventista. Además, casi todos ejercemos alguna influencia espiritual sobre los demás, por lo que este texto nos puede venir bien para la reflexión personal. Jonás Berea]

[…]

[El abuso espiritual] es la utilización de la confianza y la autoridad en el terreno de lo espiritual que una persona ejerce para lucrarse, para conseguir fines propios, el progreso de la propia institución, cualquier cosa que no tiene que ver con el progreso espiritual y humano de la otra persona. Es por eso que es tan grave, es uno de los peores abusos porque se vale de la posición de confianza que el otro da a un líder espiritual. […]

El abuso espiritual es antiquísimo. En la Biblia encontramos que líderes religiosos del pueblo de Israel abusaban de las personas que le habían sido confiadas, y son los mismos profetas quienes denuncian esto, como en el caso del profeta Jeremías. El mismo Jesús puso de manifiesto este problema. Había personas que esclavizaban a los otros. En lugar de que la expresión de la espiritualidad liberase a las personas, les convertía en esclavos de personas y de sistemas.

Hay un suceso clave, cuando Jesús entra en el templo y ve cómo había vendedores, mesas de quienes cambiaban el dinero, y la reacción de Jesús. Pocas veces vemos a un Jesús violento; actuó con un alto grado de indignación. Es porque han convertido ese lugar, donde debían ser sanados del dolor espiritual, en un lugar de negocio. Un lugar donde un sector utiliza las estructuras espirituales que han sido hechas para el beneficio del ser humano con un fin de beneficio personal. Desde entonces, pasando por la venta de indulgencias, llega hasta el día de hoy.

Encontramos que hay nuevas formas de hacer lo mismo, nuevas teologías que valiéndose de lo que debería ser cuidado espiritual, hacen lo mismo que aquellos a quienes Jesús condenaba.

No es sólo grave que el abuso espiritual exista, sino que se justifique. Que en lugar de proteger a la persona abusada lo que el sistema religioso realiza es darle cobertura. Se le dice: “Cállate por el bien de tu iglesia”, “debes soportarlo”; por lo tanto se le victimiza. Y nosotros queremos decir “no”, no con nuestro silencio. Recuperemos ese tomar el látigo de Jesús y echar del templo a quienes están abusando de los demás. […]

Hay cierto ministerio pastoral que no está concebido en términos bíblicos. La Palabra de Dios nos indica que el Evangelio nos hará libres. Nos libera de cadenas, del pecado. No se puede considerar la espiritualidad como una nueva forma de hacernos esclavos. Pablo denunciaba a quienes ponían un montón de cargas. Cuando en lugar de liberar a la gente, en lugar de ministrar a Dios a la gente, utiliza conceptos bíblicos, fraseología evangélica e incluso bíblica para hacer justo lo contrario de lo que Dios quiere hacer. Debemos plantearnos qué es el acompañamiento pastoral, qué es la autoridad espiritual. Que no es para mostrarle a la gente lo que tiene que hacer, sino para mostrarles a Cristo. Cuando la consejería se convierte en manipulación, estamos delante de abuso espiritual. Cuando se adopta una postura de superapóstol, que nosotros recibimos la información directa de Dios sobre lo que otro tiene que hacer, es peligroso. […]

Un concepto importante es el discipulado. Entenderlo bien es clave para evitar el abuso. El discipulado tiene que ver con ser más como Jesús. Cuanto más somos como Jesús, evitamos el abuso espiritual. Sin embargo cuando en lugar de ser el modelo Jesús, cuando alimentamos una estructura, seguir a una persona, o el objetivo no es que me parezca a Jesús sino que siga una serie de normas establecidas que se presentan como normas de Dios, estoy siendo abusado. Estoy siendo víctima de una persona.

El discipulado te dota de recursos para que tú tomes tus propias decisiones, fortalece tus criterios bíblicos para que decidas libremente. Pero cuando la presión del grupo, o la corrección está en que los otros te dicen lo que tienes que hacer, estás delante de una táctica sectaria, de quienes quieren limitar tu propia libertad. […] Cuando no se apunta a la Escritura, a que la gente sea libre para tomar decisiones, estamos ante un caso de manifestación de abuso espiritual. […]

Uno nunca puede sustituir a Dios, uno debe ser el instrumento de Dios, y no Dios mismo. Debe uno situarse en la perspectiva correcta. A veces Dios le habla a uno como líder espiritual de otras personas. Pero Dios debe hablar también a la otra persona. Debemos ponernos límites como pastores. Debemos fomentar que las personas hablen con Dios. Cuando he tenido una convicción propia en mi labor pastoral, he procurado ser extremadamente cuidadoso. Cada persona debe hablar con Dios. Le indico a esta persona que debe escuchar la voz de Dios a través de la Escritura, a través de la iglesia, y no sólo de una persona. El pastor nunca sustituye a Dios hablando. Los ministerios pastorales que son excesivamente individuales y la única carta sobre la que una persona toma una decisión son peligrosos, y un pastor debería evitar llegar a ese punto. […]

El evangelio de la prosperidad es una tendencia que está llegando a España. […] Esta teología promete a la gente que si ellos invierten dinero en una parte determinada de la obra de la iglesia, Dios les recompensará con bienes terrenales. Así, se produce una exaltación de la codicia humana. Los hombres ven la piedad como una forma de enriquecimiento personal. Por eso, la teología de la prosperidad alimenta el monstruo: que el ser humano está el centro de su vida, no ha cedido ese lugar a Dios, y es el principio y el fin del beneficio espiritual, en lugar de convertirse el hombre en un discípulo que muere a sí mismo y da la gloria a Dios. […]

Hay que buscar ayuda primero en la iglesia. Son personas heridas y dañadas y el primer lugar es una verdadera iglesia donde se proclame el verdadero evangelio de Jesucristo, porque libera a los esclavos, sana a los dañados. Una iglesia donde el foco esté en Cristo, no en algunas personas, o en el beneficio o la codicia. A veces estas personas han experimentado daño en lo psicológico. De la mano de una iglesia local quizá deban buscar ayuda y consejo en psicólogos cristianos, psiquiatras, que pueda ayudarles a superar algunos aspectos muy dañinos.

Finalmente, probablemente haya que buscar ayuda en las autoridades, porque a veces este abuso se convierte en delitos, que no deben ser encubiertos. Cuando uno ha sido robado, estafado, herido físicamente, debe denunciarse para que no vuelva a producirse. Hay temas que trascienden el terreno espiritual y no en vano el estado lleva la espada y debe denunciarse para que otras personas no sean también víctimas de personas u organizaciones que actúan más como mafias o delincuencia organizada.

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