Sermones de quince minutos

Editorial_banner_JamesPor James Standish, director de comunicaciones de la División del Pacífico Sur
https://jonasberea.wordpress.com/

“¡Nunca más…! De verdad, no hay nada como que tu hijo te grite “TE ESCUCHARÉ SI DEJAS DE HACERME DAÑO”, justo en medio de un silencioso y abarrotado servicio religioso. Y luego vino la repetición de “ME ABURRO” y “¿Cuándo nos podemos IR?”. Que quede claro, nunca pego a mi hijo… ¡pero es lo que quería hacer!… ¿Por qué los niños deben estar sentados y callados escuchando temas que están a años luz de sus mentes? Realmente no merece la pena pasar una hora entera sintiéndome enfadado con mis hijos, cuando ellos lo único que hacen es ser NIÑOS”.

Este es un comentario real, de un amigo real, en Facebook. Y me identifiqué con él. Cuando teníamos niños pequeños, bromeábamos con una amiga de la Asociación General sobre que las iglesias están diseñadas para torturar a los niños. Se indignó. “Desde el principio decidimos”, replicó con firmeza, “que nuestros niños permanecerían sentados durante todo el servicio religioso. Nos sentamos en las primeras filas, les damos actividades apropiadas para niños y están desarrollando buenos hábitos”. Me marché sintiéndome un tanto inepto en cuanto a cómo educar a los niños.

Un par de meses más tarde resulta que visité su iglesia. Cuando me escabullía del edificio con mi inquieto hijo de tres años después de la historia de los niños, ¿quién apareció, sino el marido de mi amiga con su hijo gimiendo a pleno pulmón? Al pasar, el padre me miró con envidia, movió la cabeza y dijo: “No sé por qué se empeña en que pasemos por esto todos los sábados…”.

Sermón largo (MEMES 7mo Día, 12 9 14)Extraño, ¿no? Todas las Iglesias quieren familias jóvenes en la congregación. Pero muy pocas diseñan sus servicios religiosos partiendo de las necesidades de esas familias. Los niños pequeños no están diseñados para sentarse alegremente durante un preámbulo, seguido de otro preámbulo y de otro más, y después un sermón larguísimo; y la mayoría de los niños pequeños son expertos en expresar su insatisfacción a sus padres. No nos sorprenda entonces que en todas las iglesias a las que he asistido haya un predecible éxodo de padres con niños pequeños saliendo por la puerta de atrás antes de que empiece el sermón.

Esto es una pena, porque los padres de niños pequeños, más que nadie, necesitan el consuelo, la inspiración, el ánimo y la sustancia espiritual que la iglesia puede proporcionar. No sólo es una pena, sino que también es totalmente innecesario. Con sólo pensar y planificar un poco, las congregaciones pueden hacer que sus servicios se adapten más a las necesidades de las familias.

Un buen punto por el que empezar es la duración de los sermones. Un sermón largo no es de ningún modo más efectivo o significativo que un sermón corto. De hecho, lo cierto es lo contrario. Pensemos por un minuto en los discursos más memorables de la historia. El discurso “Tengo un sueño” de Martin Luther King Jr. duró sólo quince minutos. El Sermón del Monte de Cristo, tal y como se registra en Mateo 5-7, dura unos trece minutos. ¿El discurso “Lucharemos en las playas” de Churchill? Doce minutos. ¿El discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln? ¡Menos de tres minutos!

La gran oratoria está directamente relacionada con la brevedad. Y hay una buena razón para ello.

Como señaló una vez el Dr. Jan Paulsen, que fue presidente de la Asociación General, la duración de una presentación es a menudo inversamente proporcional al tiempo dedicado a prepararla.

No se trata sólo de que nuestros sermones sean generalmente demasiado largos para que los niños pequeños permanezcan sentados; es que la organización del tiempo del culto convierte la tarea de ser padre en algo casi imposible. Cambiar el orden del servicio haría que la iglesia resultara más acogedora para los niños.

Imaginemos, por ejemplo, un servicio que empieza a las 11 con un himno, una oración y una lectura bíblica, seguidos de un sermón de quince minutos. La parte sustantiva del servicio –y en consecuencia la más aburrida para los niños– se habría completado en los primeros veinte minutos, cuando los niños –y sus padres– todavía están frescos. Las partes interactivas y de alabanza del servicio (música, historia para los niños, ofrenda, etc.), que los niños suelen encontrar más interesantes, tendrían lugar en la segunda mitad, cuando es más importante implicar activamente a los niños.

El orden del servicio sería diferente, pero sería más efectivo. Los oradores sin duda preferirían, en general, predicar al principio del servicio, cuando la capacidad de atención de la congregación está fresca, que ser desplazados al final, cuando los hombros ya van cayendo, las pestañas pesan y las tripas rugen.

Más breve, más eficaz, mejor. Es una fórmula para traer de nuevo a los padres y sus hijos pequeños a la iglesia. Y de paso seguro que también despierta el interés en la iglesia a todos los demás.

(Traducción de Jonás Berea del artículo Shorter, smarter, better [Más breve, más eficaz, mejor], publicado el 11 de septiembre de 2014 en Record.)

Imagen: https://es-es.facebook.com/meme7modia

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5 comentarios en “Sermones de quince minutos

  1. Estoy de acuerdo con que los niños deben habituarse a estar sentaditos y escuchar. No solo para estar en la iglesia, también para que podamos llevarlos, por ejemplo, en un viaje en tren o avión sin molestar al resto de pasajeros, o a una sesión de cine.
    El problema es que queremos crear hábitos a partir de situaciones equivocadas. Un niño de 3 años, que no sea especialmente inquieto, puede aguantar 15 minutos en el banco de la iglesia si los padres lo entretienen con los clásicos juegos o libros de silencio. Y cuando los siguientes sábados le pidamos que esté quieto y callado, podrá aprender a hacerlo. Cuando el tiempo es demasiado largo, el crío lo recuerda y comienza a dar la lata desde el minuto uno, y asocia culto a tormento (y los padres también).
    Con niños más mayores el problema es otro. Los predicadores, cuando preparan sus sermones, no tienen en cuenta que hay muchos niños que podrían escuchar. Asumimos que los niños no escuchan, que estan coloreando o pegando pegatinas. Y un culto de adoración no tiene que ser menos profundo, interesante ni formativo por incluir una ilustración, una llamada de atención o un guiño a los niños presentes, de forma que ellos se sientan también partícipes de un culto de adoración para toda la comunidad.
    Planteemonos el integrar también a los niños en la adoración adaptándonos a ellos.

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  2. Y que de los jovenes….que abandonana la iglesia y el culto y en otras ocasiones ya nivienen como es mi iglesia en La Paz – Bolivia??

    Debemos ver que pasa con la solemnidad, la vestimenta y otros factores cristianos..

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  3. Estoy totalmente de acuerdo con el artículo, pero además el hecho de que un culto sea muy largo da cabida a que se convierta en un culto inconexo e incoherente. Que un sermón sea muy largo quiere decir que se deben de añadir más ideas entre medias, que pueden provocar la dispersión de la idea original, ya no solo en tu mensaje, si no en la percepción de la gente respecto a éste, ya sea por confusión, asociación de ideas, o simplemente por la pérdida de antención. Debería ser un predicador muy bueno, para que un culto de màs de treinta minutos, resulte en su totalidad, atractivo, coherente, y eficaz.

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  4. Como es común y frecuente,
    Eutico se adormiló…
    Y ocurrió el accidente,
    en el que Eutico murió.

    Por disertar largamente
    el apóstol de gentiles
    en Troas, a propia gente,
    una noche, con candiles…

    Desde el tercero cayó
    por el sueño ya vencido,
    cuando Pablo se explayó
    con un culto extendido…

    El apóstol, afligido,
    abrazó al zagal difunto…
    Y les dijo: ¡está vivo!
    ¡Y volvió en sí, al punto!

    Y subieron al tercero,
    para el pan luego partir.
    Tras un discurso certero,
    que concluyó para salir…

    Era Pablo pregonero,
    de la Palabra, ¡que es Pan!
    Era un diligente obrero,
    ¡y Jesús era su afán!
    jjm
    Nos decía el recordado Julián Marías, en relación con el “proverbio”, “Lo breve, si es bueno, dos veces bueno”: “LO BREVE, SI ES BUENO ¡QUÉ PENA”.
    jjm

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  5. Pingback: Por qué y cómo dar sermones breves | Blog de Jonás Berea

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