La boca de los mentirosos y los oídos de los sordos

Sermón de Iacob Coman
https://jonasberea.wordpress.com/

462982857_640El pastor adventista rumano Iacob Coman ejerce su ministerio en Nazna, Rumanía. Doctor en Teología, Filología y Filosofía, es profesor universitario.

«Nunca han existido mentirosos más versados que los pastores. Queridos hermanos y hermanas, he querido que sepáis esto de la boca de un pastor», afirma Coman en el siguiente sermón, pronunciado en enero de 2014 en la Iglesia Adventista del Séptimo Día rumana de Addison (Illinois, EEUU), como parte de la serie “La verdad en el pasado, en el presente y en el futuro”. Su mensaje refleja la cruda realidad que caracteriza a la mayoría de los pastores y miembros de iglesia de hoy, realidad que el profeta Amós nos advirtió que ocurriría en los días finales. (Jonás Berea)

[…] ¿Cuántos de vosotros quisierais encontraros con aquel que hizo esta flor? [Toma una flor en la mano]. Sí, es verdad que Edison inventó la bombilla, pero aunque hubiera vivido mil años más, o cinco mil años más, no hubiese podido inventar esta flor. Ni él, ni Einstein, ni nadie… Y si os topaseis en la calle con Einstein, pensaríais que habéis retrocedido en el tiempo, ¿no? Lo mismo si os encontraseis con otra gran personalidad de la historia: Platón, Sócrates o cualquier otro… Y yo os pregunto: ¿cómo nos sorprendería un encuentro con Jesucristo, el que hizo esta flor?

Queridos míos, un día tendrá lugar también este encuentro. Pero dice la Escritura que en este encuentro algunos dirán a los montes y a las peñas: “Caed sobre nosotros, y escondednos de la ira del que viene”. Y en el mismo momento, en la misma escena, otros lo mirarán y dirán: “Por fin, he aquí el Dios en el que he confiado”.

En la misma escena… ¿Cuál es la realidad que determina dos comportamientos radicalmente distintos?

La realidad interior. Lo que existe en tu corazón. Lo que hay en tu alma. Lo que hay en tus pensamientos. Esta realidad determinará estas dos actitudes tan distintas.

Que Dios nos ayude a que la casualidad de encontrarnos con aquel que hizo esta flor […] nos haga decir: ¡Él es nuestro Dios!

En esta tarde daremos un paso más en nuestro camino sobre “La verdad en el pasado, en el presente y en el futuro”. En esta tarde quisiera acercarme más a nosotros. No porque en las demás tardes no hubiese estado cerca, pero si alguien te visita y entra al patio de tu casa, y quizás pasa al salón… admitamos también que puede entrar a la cocina…, pero está claro que al dormitorio no va, porque le da vergüenza, o sea, no entra en tu intimidad. En esta tarde quisiera pasar del patio, y espero tener, y vosotros también, la disponibilidad de conceder a la palabra de Dios un poco de crédito.

Queridos míos, quisiera anunciaros algo: que, al fin y al cabo, si todo lo que voy a decir es un disparate, y pasamos un rato escuchándolo, no perderemos nada, porque con tantas tonterías que hemos oído en la vida, una más no importa… Pero si lo que digo es verdad… ¡habremos ganado mucho! Pensad en esto.

El profeta Amós, en el capítulo 8, empezando por el versículo 11, dice así: “He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.”

Sorprende aquí la Palabra… De alguna forma da a entender un cierto matiz o tono de arrepentimiento… Existirá una categoría de personas que se dará cuenta de la situación y emprenderán camino en busca de lo que no tienen.

Pero, ¿sabéis? La profeta Elena de White cuenta de Saúl que había empezado a llorar delante de Samuel, y le había pedido que le perdonara, y que viniera a honrarle delante del pueblo, que no lo abandonara… ¡Pero dice que este arrepentimiento de Saúl no era sincero!

Quizás este tipo de interioridad humana está evidenciada en estos pensamientos. “E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.”

¿No se referirá a nosotros?

El mensaje de esta tarde tiene como título: “La boca de los mentirosos y los oídos de los sordos”.

La boca de los mentirosos y los oídos de los sordos… Cada pueblo ha madurado a su manera, y una de las características, por así decirlo, del pueblo rumano –espero no resultar demasiado duro– pero en muchas situaciones este pueblo al que pertenezco, resulta ser astuto y encontrar soluciones no muy ortodoxas para resolver las situaciones, cosa que por ejemplo no se ve en el pueblo alemán. Un alemán no sabe mentir, y los rumanos cuando los ven dicen de ellos: “Estos son tan tontos que no saben ni mentir…”. ¡Qué extraño!

Cuando la palabra de Dios se le quita a un pueblo, este pueblo queda en dos posiciones: la de mentirosos y la de sordos.

Cuando la Palabra de Dios se saca del ámbito de existencia del pueblo adventista, o de delante del pueblo adventista, quedan sólo dos categorías de personas, nada más, nada menos: mentirosas y sordas. Y en esta tarde, queridos míos, quisiera leer en las Escrituras acerca de estas dos categorías de personas. Y merece la pena que te hagas preguntas si consideras que es necesario.

Aparentemente, ser mentiroso es una virtud. Si no sabes mentir un poco, no te apañas. […]

Leeré a continuación unos versículos con mucho peso. Los primeros os aventajan. Pero no os precipitéis, sólo escuchad.

En el libro del profeta Ezequiel, capítulo 34, Dios ordenó que se escribiera lo siguiente: “El Señor me habló diciendo: «Hijo de hombre, profetiza contra los pastores [espirituales] de Israel; profetiza y adviérteles que así dice el Señor omnipotente: “¡Ay de vosotros, pastores de Israel, que tan sólo os cuidáis a vosotros mismos! ¿Acaso los pastores no deben cuidar al rebaño? Vosotros os bebéis la leche, os vestís con la lana, y matáis las ovejas más gordas, pero no cuidáis del rebaño. No fortalecéis a la oveja débil, no cuidáis de la enferma, ni curáis a la herida; no vais a por la descarriada ni buscáis a la perdida. Al contrario, tratáis al rebaño con crueldad y violencia. Por eso las ovejas se han dispersado: ¡por falta de pastor! Por eso están a la merced de las fieras salvajes. Mis ovejas andan descarriadas por montes y colinas, dispersas por toda la tierra, sin que nadie se preocupe por buscarlas”. ¡Amén!

Cuando se quita la palabra de Dios de esta iglesia, queda un gremio de pastores, todos ellos, empezando y finalizando conmigo, unos mentirosos de notoriedad.

Si eres pastor y sabes mentir, si eres pastor y sabes ser astuto, si eres pastor y sabes reconciliar a un culpable con un no culpable de tal manera que los dos se sientan culpables, entonces significa que eres hábil, eres un dirigente de talento. ¡Hace falta alguien como tú!

La boca de los mentirosos… Y si mis compañeros escucharan alguna vez este sermón, quisiera que tomaran nota. Nunca han existido mentirosos más versados que los pastores. Y toda esta actitud de ellos, grosera, está considerada por ellos y por los miembros una cualidad positiva.

Buscarán la palabra desde el norte al sur, y desde el oriente al occidente, y no la hallarán, ¡porque no tienen cómo!

En el año que fui contratado como pastor, fui a predicar un sábado en una iglesia. La entrada de la iglesia tenía unos escalones. Era un día bonito, soleado, y yo, bien vestido con un traje negro, como un pastor recientemente incorporado, estaba en el patio de la iglesia, cuando un hermano anciano que me conocía muy bien, colocado en las alturas de los escalones, me gritó por encima de las cabezas de todas las personas allí congregadas: “Iacob, ¿tú también has entrado en las filas de los mentirosos?” ¡Quise que me tragara la tierra!

Han pasado dieciocho años, y la ofensa que había sentido en aquel momento se ha convertido en certeza. “Sí, hermano, le contestaría hoy, después de decenas de años, desafortunadamente he entrado en las filas de los mentirosos.” Una pandilla que no tiene curación, porque no tiene la Palabra.

¿Por qué? ¿Cómo he podido llegar a esta situación? ¿Cómo he llegado a comportarme así? ¿De dónde me vino esto y qué ha pasado con mi alma para que la mentira haya llegado a ser la virtud de mi existencia?

Si acudes a un pastor porque sabes que algo va mal entre él y tú y le preguntas si tiene algo contra ti ¿dónde encontrarás al pastor que te diga: “Sí, tengo esto y esto contra ti”? ¡En ningún sitio! Más bien te dirá: “¡Vamos a orar!”.

Ya he llegado a la edad de cincuenta años, y me llamó un compañero pastor y me dijo: “Vamos a orar”. Lo aparté y le dije: “¡Conmigo no vas a orar!” Porque hasta en la oración miente.

¡Sí, pero estos pastores os gustan…! Juntos arderemos en el fuego…

Y dicen aquí las Escrituras: “Vino a mí la palabra de Jehová, diciéndome: Hijo de hombre, profetiza, y di ‘¡Ay de los pastores!’”.

¿Qué no hacen estos pastores? No dan alimento a las ovejas. ¿Qué significa alimento? Alimento significa Palabra. No estadísticas, ni tests, ni películas, ni noticias, sino Palabra. Nos estamos muriendo. Estamos infraalimentados, no tenemos nada en nosotros más que ñoñeces que no dicen nada a nadie. Los pastores, todos, hemos aprendido a regalar los oídos al rebaño. Para que le parezca que ha recibido algo, pero en realidad el rebaño vuelve a su casa con el estómago vacío… Cada sábado, cada viernes y en cada ocasión en que nos congregamos. Hemos llegado a ser profesores de deporte, bufones, monitores de sexo… cualquier cosa, pero no he vuelto a ver a ningún pastor que haya llegado a ser apacentador del rebaño.

Sí, y la boca de los mentirosos, o sea la nuestra, la de los pastores, está divagando… años, y años, y años… Y no tiene ningún poder, porque no tenemos la Palabra.

Tenemos temperamento, tenemos cualquier cosa…, menos la Palabra.

Hace tiempo tuvimos un encuentro pastoral. Y en un cuarto aparte habían reunido a los hijos de los pastores. Estaba también mi hija. Les dieron unos formularios y se les pidió que los rellenaran rápidamente. Luego empezaron los debates sobre qué carrera habían elegido, si consideraban que la habían elegido bien… Esto hacen los pastores. Les interesa qué carrera tienes, qué temperamento… y otras idioteces miserables de un mundo que le ha dicho a Dios “Lárgate de entre nosotros”. Y el rebaño se está muriendo… y morirá…y moriremos nosotros también… La boca de los mentirosos…

Y algunas noches cuando me acuesto, oigo la voz de mi hermano, gritándome: “Iacob, ¿tú también has entrado en las filas de los mentirosos?”

Y hoy le he respondido. Entonces pasé vergüenza, pero hoy le he respondido: Sí, hermano mío, hace casi veinte años que estoy en las filas de los mentirosos, encabezados por mí.

Cuando era niño hice el trabajo de criado en un establo de ovejas. Y a las cuatro de la madrugada nos despertábamos para llevar las ovejas a ordeñar. Normalmente dormíamos en un lugar arreglado, de madera, con tres partes cerradas y una abierta, donde había una cama, también de madera. Pero cuando los perros ladraban, el pastor sabía, por cómo ladraban, si olían un lobo o un oso, y teníamos que salir y distribuirnos para dormir alrededor del establo, directamente en la hierba, envueltos en zamarras y con un palo en la mano, para defender el rebaño de los animales salvajes.

¿Dónde están ahora estos pastores?… Están en “clic”, en “aceptar”, en “sí”, en Power Point… Escoria metida a la fuerza en los estómagos de la gente… sin nada de valor…

Y la palabra de Dios dice así: “Hijo de hombre, profetiza contra los pastores [espirituales] de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos!”

No fortalecen a la oveja débil. Miran y esperan a ver cómo se soluciona la situación. Y si ven que el fortalecer la oveja débil perjudica sus intereses políticos, ¡zaca! – le pegan una y… “lárgate de aquí”.

No curan a la oveja enferma. Porque, ¿sabéis cómo se cura a una oveja? En el rebaño donde estaba de criado teníamos ovejas que cojeaban por alguna infección en la pata. Se cogía la oveja, se tumbaba en el suelo y con un cuchillo encorvado, muy afilado, le cortábamos la uña hasta la carne viva. Hasta donde ya no tenía infección. La oveja no grita de dolor. Luego, le metíamos la pierna en un vaso con formol y, pobre oveja, casi se desvanecía de dolor; después le vendábamos la herida con un trapo y le dejábamos que se levantara. Poco a poco, pasados unos momentos, la ovejita se incorporaba, y cojeando empezaba a comer. Estaba sufriendo tres o cuatro días, hasta que el séptimo día se recuperaba completamente.

¿Qué pastor está haciendo esto hoy?

“¿Qué pasa? ¿Acaso no tengo otra cosa que hacer? Déjala que se rompa la cabeza…”.

La boca de los mentirosos… He sido joven y he envejecido, pero no he visto en mi vida tanta mentira como la que hay en los labios de los pastores, y que está considerada “virtud”.

Vienes y me preguntas: “¿Pastor, verdad que no tengo más que hacer esto, o eso otro?” Quizás vienes a tentarme, quizás no, y yo te contesto: “Ah, no, ya no es necesario, son cosas anticuadas, ve en paz…”

¿Cómo puedes hacer esto, hombre? Has jurado ante nadie, o ante un llamamiento, que estás sirviendo a Dios, pero ¿a quién estás sirviendo con esta actitud?

No traes al redil a la descarriada… no buscas a la perdida, sino que te enseñoreas… allí donde aún se puede uno enseñorear.

Queridos hermanos y hermanas, he querido que sepáis esto de la boca de un pastor. Lo que vais a hacer con esto, es vuestro problema. Pero surge una pregunta: Yo arderé: y tú, ¿te escaparás?

Yo gritaré a las peñas, “Caed sobre mí y escondedme de la ira del que viene”. Tú ¿dirás otra cosa?

¿Sabes qué extraño es cuando habla un mentiroso con un sordo? El mentiroso no dice nada verdadero y el sordo oye lo que quiere.

El profeta Amós dice así: “He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.” Porque ya no la hay. Y tampoco son sinceros en su búsqueda. Cuando se quita la Palabra, quedan dos categorías de personas: mentirosos y sordos.

En la segunda epístola de Pablo a Timoteo, capítulo 4, versículo 1, Dios ordena que se escriba lo siguiente: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.”

La boca de los mentirosos y los oídos de los sordos…

Y os quiero preguntar si conmigo, un gran mentiroso, y con vosotros (perdonadme lo que digo), unos sordos…, si una combinación de esta índole puede subir al cielo… ¡Oh, no!

Después de un tiempo de predicar en una iglesia, en un círculo más cerrado alguien me preguntó: “Pastor, ¿los sermones de los últimos dos meses han nacido como consecuencia de lo que está pasando en esta iglesia?”. Casualmente los sermones no habían nacido como consecuencia de lo que pasaba en aquella iglesia, así que le dije que no. “Ah, dijo el hermano, esto está bien, porque si hubieran sido a propósito…”.

O sea, nosotros hemos llegado a ser tan incompatibles con Dios, que entendemos que es una virtud que alguien venga a predicar idioteces, cualquier otra cosa, pero no los problemas con los que nos enfrentamos aquí.

“¿Qué es esto de que venga alguien a predicar sobre nuestros problemas? ¡Eso es una ofensa!”

“¿Sí? ¿Entonces por qué estás aquí, y yo por qué he venido a predicar?”

Y cuando habla un mentiroso y escucha un sordo, ya se ve lo que sale. Estadísticas… descubrimientos científicos… Sanguíneo, melancólico, flemático… Laboratorios… Todo lo que quieras del Pentágono y de la NASA… Lo que sea, pero no la Palabra. “¡No queremos oír esto! ¡Ni si te ocurra! ¡Lárgate de aquí!”

Creéis que estoy exagerando… No tengo más que un solo deseo: que Dios no me tenga en cuenta este pecado de negarme a reprimirme de deciros todo ¡No estoy exagerando!

¿Hasta dónde, y hasta cuándo?

Sobre los sordos dice: “No sufrirán la sana doctrina”

“¿¡No será que te refieras a mí!?”

“¿Pero a quién quieres que me refiera?”

Es como si fueras a una consulta y cuando te toca entrar el médico te pide que te quites la ropa y tú le preguntas si está hablando contigo; quiere tomarte la tensión y le contestas que se la tome a otro; quiere hacerte un escáner y le gritas que está loco… Entonces, ¿por qué has ido al médico? Los sordos…

La boca de los mentirosos y los oídos de los sordos… los que lo serán…

No sufren la sana doctrina. Les gustará oír cosas placenteras, fábulas, parábolas inventadas, y si no las tienen, se inspiran, ya que existen libros enteros de cientos de páginas, con ilustraciones… donde se cuenta lo que ha pasado en tal sitio, o en tal lugar… y cuando se les cuenta les gusta, y entonces se les “bombea” este tipo de cosas que les gusta oír…

Y dice la palabra: “Se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias”. “¡O eres como nosotros queremos, o te vas!”

Cuando me hicieron la ceremonia de bienvenida del nuevo distrito donde estoy ahora de pastor, el que me recibió en su discurso me dijo, entre otras cosas, que en aquella iglesia se predicaba esto y esto. Cuando me tocó a mí hablar, le dije que yo predicaré esto y no lo otro. Y que tenían que elegir entre escucharme o rechazarme en aquel momento como pastor.

Vas al médico y aunque sabes que el corazón está muy mal y late muy fuerte, le pides que te diga que estás bien y que no tienes nada. Aunque tus piernas están casi sin circulación de las rodillas para abajo y tienes que operarte, le pides que te diga que las tienes como las del mejor futbolista. Entonces, ¿por qué vas al médico? Vete a tu casa, contento y satisfecho de que todo está bien. Tienes todo bien, eres perfecto. Mañana te morirás, pero no importa, hoy estás bien, eres perfecto…

Los oídos de los sordos… “Y apartarán de la verdad el oído”.

“¡No me interesa esto…!” Y te das cuenta qué encuentro exitoso. El que no quiere oír y el que de todas formas miente. Bueno, quizás tenga mentiras que gusten y otras que no gusten, pero le dirá las mentiras que le gusten. Y así el sordo con el mentiroso hacen buen equipo… hasta que llegue el fuego.

No ha existido ningún tiempo histórico en el que el pueblo de Dios no haya deseado algo en detrimento de la Palabra. Mejor construimos una residencia de ancianos que cueste tres millones de dólares, que querer la Palabra. Mejor construimos seis escuelas y guarderías que querer la Palabra. Mejor vamos a repartir millones de folletos con seminarios para dejar de fumar que querer la Palabra. Mejor vamos por las calles y por las estaciones para buscar y si hace falta inventar personas sin comida, que querer la Palabra. Nunca en la historia han existido personas como nosotros que han deseado ser tan sordos. Nunca. Cualquier otra cosa, pero que no sea la Palabra.

Hermanos, os pregunto ¿A qué jugamos? ¿A quién robamos? ¿Qué ventaja tenemos? ¿Qué ganamos si hacemos esto?

Observo que cuanto más diplomático soy como pastor… mejor. Suelen decir: “No, no envíes a fulano porque no es diplomático. ¿Qué quiere decir “diplomático”? Saber mentir sin que te pillen.

Hace años estaba en un curso de homilética y el profesor contó durante el curso cómo una vez había participado en las elecciones locales de una iglesia donde había sido imposible llegar a un acuerdo entre los hermanos y se necesitó la presencia de los administradores de la Asociación. Como los de la Asociación conocían los problemas de aquella iglesia, solicitaron a su vez la presencia de un hermano de la Unión. Y cuando el hermano de la Unión se presentó para moderar las elecciones, recibió una chuleta con los nombres de los que tenían que salir nombrados como ancianos, pero como no veía bien, tenía que apartar la chuleta de los ojos y apartándola demasiado por debajo de la mesa, alguien de la comisión de nombramientos vio qué estaba pasando. Aquel miembro se levantó de su sitio y cogió del cuello al hermano de la Unión, gritando: “Traición, lárgate de aquí”. Entonces, los administradores presentes recogieron sus cosas y se fueron por donde habían venido. Mi profesor, que por aquel entonces desempeñaba un cargo en aquella Asociación se ofreció a ir él y dejar a los hermanos de aquella iglesia que eligieran a quien quisieran, pero de arriba se le dijo que esto no era posible, que él no podía ir… Se necesitaba un hombre mentiroso para que las elecciones salieran como estaban planeadas…

El problema ¿sabéis cuál es? Os pido disculpas con toda la sinceridad de mi corazón, pero a mí, como mentiroso, y a vosotros, como sordos, nos parece de maravilla esta situación. Hacemos un buen equipo, ¿pero hacia dónde vamos?

Y Amós nos dice adónde. Allí donde lloraremos. Correréis de un lado al otro de la tierra, como unos hombres perdidos, y espantados. Y tanto unos como los otros buscaréis la Palabra, y no la hallaréis.

Queridos míos, es poco importante y menos probable que alguna vez nos volvamos a ver. Pero os ruego que salvéis vuestras vidas. Salvad vuestras almas de las manos de la muerte. Dejad los desperdicios y la miseria de otros a los que les hace falta…

Procurad tener sacos, cubríos con ellos y echad ceniza por encima y arrepentíos, porque si no lo tendréis difícil.

Yo, a mi vez, postrado en tierra, le pido a Dios que limpie mis labios, para que pueda entrar junto con su pueblo por las puertas de la ciudad. Y si esto no va a pasar, los miles de sermones que he dado, los cientos de miles de descargas que se han efectuado, mi nombre circulando en los medios, no son más que vanagloria. Pero si mis labios son limpiados, y tus oídos se abren a la Palabra, y juntos entramos por las puertas en la ciudad, entonces ¡gloria a Dios! porque ha conseguido salvarnos.

Este amor, este deseo y este sueño colocadlo en vuestros corazones y en vuestras mentes y cuando seáis investigados responded: “Sí, Señor”, independientemente de lo que os parecerá que vayáis a perder, o de la vergüenza que os parecerá que os pueda traer. Y en Cristo Jesús, como hombres levantados por encima de la impotencia del pecado, brillaréis en y por el reino de Dios.

Yo no he sido llamado a ser mentiroso y tú no has sido llamado a ser sordo. Yo he sido llamado a repartir justamente la palabra de la verdad, y tú a decir, igual que el profeta, “Heme aquí, oh Señor, haré lo que me digas”. ¡Que así nos ayude Dios a todos! ¡Amén!

(Publicado originalmente el 22 de octubre de 2014 en A la Puerta y Café Hispano. Añadimos ahora la transcripción del sermón.)

[Traducción: Olga Pascu.]

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2 comentarios en “La boca de los mentirosos y los oídos de los sordos

  1. Dice Iacob Coman, en relación con los alemanes y la mentira: “Un alemán no sabe mentir, y los rumanos cuando los ven dicen de ellos: “Estos son tan tontos que no saben ni mentir…”. ¿Se le escapa al pastor Coman que los alemanes se “embarcaron” en la nave “Mentira” en más de una ocasión? Como institución, ¿No se deformó en Friedensau, por boca de los mentirosos, la Palabra?
    jjm

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  2. Pingback: Gobiernos que secuestran a niños | Blog de Jonás Berea

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