La Reforma de ayer… ¿y de hoy?

Por Luis González, obrero adventista español jubilado (lugonso@yahoo.es)
https://jonasberea.wordpress.com/

Luther-posting-95-theses-560x366El pasado día 31 de octubre, el mundo ha conmemorado la irrupción en la historia de un movimiento que la cambiaría completamente. Me refiero a la Reforma Protestante.

Fue el 31 de octubre de 1517 (dentro de poco, tan sólo tres años, celebraremos 500 años) cuando Martín Lutero publicó las célebres 95 tesis. La primera idea que es necesario aclarar aún hoy es que Lutero no pretendía abandonar la Iglesia Católica Romana (ICR). No. Sólo deseaba reformarla desde dentro. Abandonar la ICR fue después de una serie de sucesos que se fueron encadenando hasta que su salida se hizo inevitable. El resultado de la conducta humana a menudo también responde a una serie de acontecimientos que van decantando una respuesta, a menudo alejada de las pretensiones iniciales.

Mis primeros contactos con la Iglesia Adventista, desde mi militancia católica, no fueron de hartazgo con ésta y adhesión a aquella. No. Muy al contrario, mi interés consistía en convencer a estos “hermanos separados” de lo equivocados que estaban. Yo cotejaba con un profesor de teología del Seminario de Oviedo los argumentos que podía presentar en el siguiente estudio bíblico. Jamás, ni en mis peores pesadillas, me imaginé inicialmente que terminaría siendo un protestante más. Nuevamente la conducta humana evolucionó de forma para mí sorprendente, en mi caso sin duda muy mediatizada por la discreta, pero decisiva, intervención divina. Tan sorprendente, discreta y decisiva que hasta el propio profesor de teología católica me llegó a decir, al comprobar cómo iba yo cambiando de actitud: “Luis, creo que debes hacerte adventista”. Y digo discreta porque el Dios de amor jamás quiere imponerse, lo cual sería la antítesis de su carácter. Dios es así…

Probablemente el resultado final de los hechos, la Reforma, fue para Martín Lutero tan sorprendente como para mí la mía personal.

La Reforma Protestante del S. XVI no fue tanto un alzarse contra la Iglesia Católica (son ellos los que nos llamaron “protestones”) sino el nacimiento de una nueva espiritualidad en la cristiandad. De hecho, hubo entonces un movimiento, del que se habla poco, llamado ‘Devoción Moderna’, algo así como antisistemas de la época, que pretendía centrar la vivencia cristiana en Cristo y rebelarse contra el sistema eclesiástico. Ese movimiento se desarrolló sobre todo en Alemania y los Países Bajos formando un magma que favoreció el desarrollo de la Reforma Protestante.

Por otro lado, Lutero se encontró con unos dirigentes abusadores/maltratadores espirituales. Will Graham llama ‘abuso espiritual’ al fenómeno de ciertas ‘autoridades espirituales’ que ocupan el lugar de Dios, se proclaman señores en la iglesia, y manipulan y aplastan a las personas (entrevista en Protestante Digital, 2/11/2014). Pero siempre hubo, y habrá, maltratadores espirituales.

En el siglo XVI existía ya un cierto agotamiento de las hábitos de conductas medievales presentes en la ICR de entonces. La explosión cultural del Renacimiento a partir del siglo XV, fruto del humanismo, determinaron la concepción de un hombre nuevo, con una mentalidad más abierta y menos dogmática. Todo ello era incompatible con lo peor de una visión medieval del papado y sus jerarquías. Incompatible también con la mentalidad mágica y primitiva del creyente. Lo que predicaba el dominico Johann Tetzel sobre la venta de indulgencias, no era sino un sistema recaudatorio feroz para financiar las obras de renovación de la Basílica de San Pedro, añadiendo ingredientes seductores propios de la magia. Para ponerle más énfasis, el tal dominico sugería que en cuanto la moneda caiga en el alfolí, el tintineo indicaba el momento en que el alma por la que se imploraba era liberada y subía al cielo. Pura magia muy propia de la Edad Media.

Esa era, tristemente, la condición humana de una época que algunos no supieron percibir que ya había finalizado. Lutero fue uno de ellos, uno de los que capitanearon el cambio, una transformación de la espiritualidad, que no supieron ver los dirigentes espirituales de la época, más preocupados por dejar para la posteridad la huella arquitectónica de la Basílica de San Pedro que por la piedad de ellos y del pueblo. Por eso le costó a Martín Lutero tantas luchas y sacrificios, y por eso se le llama el “campeón de la libertad”, entre otros títulos, pues a pesar de sus muchos errores la justificación por la fe supuso una bocanada de aire fresco, oxígeno en las arterias de la condición humana. Eso sí, los cambios provocados por la Reforma, fueron a menudo traumáticos y costaron ríos de sangre y sufrimientos.

¿Qué puede enseñarnos hoy aquel poderoso movimiento religioso que acabamos de recordar? Mucho, pero a mí hoy me gustaría quedarme con una idea.

¿Es necesaria una Reforma hoy?

Desde la Asociación General*, se insiste en su necesidad bajo el lema ‘Reavivamiento y Reforma que implica, obviamente, que ambos conceptos deben ir unidos. Como la ocurrida en el siglo XVI. Pero la actual Reforma que se solicita, no debe ser solamente individual, como si colectivamente no tuviéramos nada que mejorar. Por ejemplo, desde la misma AG se enfatiza mucho en la necesidad de transparencia en toda la estructura organizativa. Por eso yerran quienes predican un reavivamiento y una reforma como si fuera exclusivamente una respuesta individual. Y yerran gravemente porque están entorpeciendo la profundidad de ese movimiento.

No me referiré al concepto escatológico del lema, pues llevamos casi dos siglos hablando de la inminencia de la parusía y nadie puede tener la certeza de ella, a pesar de las evidencias, ni se puede descartar que el Señor pueda esperar otros dos siglos más para venir… Esta larga espera sorprendería mucho, pero mucho, a nuestros pioneros si pudiesen comprobar hoy que aún no ha llegado. Incluso actualmente a muchos pastores ya jubilados que predicaron ilusionados el pronto regreso del Mesías. Y es que hay en ello elementos que no controlamos porque el momento sólo lo conoce Dios (ver Mat. 24: 36).

Pero en la actualidad sí existen hechos ciertos, y no sólo aleatorios, que nos deben hacer pensar. Hoy, como ayer en la época de la Reforma, existen elementos coincidentes en ambos momentos:

  • Un cambio espectacular en un mundo globalizado (la “aldea global”) que produce una sociedad nueva, una cultura nueva y que camina hacia una espiritualidad nueva, menos dogmática y formalista. Hablad especialmente con los jóvenes y lo entenderéis.
  • También hoy, como ayer, se produce un énfasis en la figura de Jesús, figura admirada por muchos e incluso alabada por no pocos agnósticos y ateos.
  • Y también hoy se encuentra muy extendida la falta de empatía hacia las iglesias organizadas, sentimiento altamente generalizado en toda Europa, como lo fue, en menor medida, el anticlericalismo que mencionamos anteriormente referido al movimiento ‘Devoción Moderna’ de los siglos XV y XVI.

Como veis, hay ciertas similitudes entre aquella época y la nuestra. Alguien ha hecho una radiografía a esta generación y ha dicho: “El siglo XXI será espiritual, o no será” (atribuida a André Malraux).

Sí, la sociedad quiere, porque la necesita, otra forma de acercarse a Dios. Quizás permitiendo que el protagonismo lo tenga Dios mismo y no tanto las iglesias, aunque éstas pueden, y deben, ser vehículo de transmisión. Pueden, sí, y existen intentos loables. La prueba la tenemos en nuestras experiencias con “la iglesia-café”, “la iglesia abierta”, “el proyecto ICOR”, “Cieling”… Quien no perciba ese cambio social, cultural y espiritual está muy alejado de la sociedad real y por lo tanto condenado, o bien al fracaso, o a pasar por una traumática Reforma como la del siglo XVI. Si no se tiene en cuenta la condición humana, nos alejamos de la realidad, hablamos un lenguaje que nadie entiende y por lo tanto nos quedamos sin mensaje de salvación que dar.

Una madre con hijos adolescentes me decía en una de esas experiencias nuevas: “Mis hijos van a la iglesia pero se aburren y tratan de hacer cosas alternativas mientras están en el culto. Pero asistimos a una de esas experiencias nuevas, y no perdían hilo…”. Tomemos nota.

¿Una Reforma en el siglo XXI? ¿Y por qué no? Hasta la AG lo pide. Entra dentro de lo posible que si las iglesias no cambian sus estructuras y sus énfasis… “no serán”… o serán poco… El tiempo y la urgencia se nos echan encima… Reavivamiento y Reforma… y si no… ¿un Lutero?

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* Qué manía con traducir ‘General Conference’ como ‘Conferencia General’: los adventistas nos ‘asociamos’ pero no nos ‘conferenciamos’ y la AG es la máxima expresión de esa asociación a nivel mundial que va desde las iglesias hasta la cúspide del organigrama.

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7 comentarios en “La Reforma de ayer… ¿y de hoy?

  1. Encuentro muy positivo que entre nosotros enfaticemos el recuerdo de la Reforma, verdadero hito que cambió profundamente la historia (bonita, por cierto, la analogía biográfica personal que ofrece el autor). Digno y necesario resulta traerlo a la memoria sobre todo en unos momentos, como los actuales, en que la degeneración moral (y teológica) campea por las iglesias, incluida la nuestra.

    Muy acertada es por ello la aplicación que hace Luis González para nuestro medio. Los abusadores espirituales se hallan también entre nosotros. Medran, entre otras razones, aprovechándose del creciente alejamiento de los feligreses respecto a la Palabra de Vida. Hoy como en el siglo XVI urge un reencuentro personal con la Escritura como base para revivificar corazones y estructuras ya demasiado anquilosadas. Y como fuente de luz que impida que nadie más aparte de Dios dirija la conciencia de los fieles.

    Vivimos tiempos críticos, se dibujan amenazadoras sombras en torno a nosotros. Señalan –en mi modesta opinión– que la inminencia de la Segunda Venida es una realidad. Solo gozosamente aferrados a Cristo, al Cristo de la Palabra, nuestra fe se mantendrá indemne y saldremos victoriosos. Pero ese fue, a fin de cuentas, el mensaje de la Reforma.

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  2. El emergente cristianismo, luego del Pentecostés fue abriéndose camino y proliferando, desde un principio, especialmente, en el ámbito del Imperio Romano. Principalmente el motor de la proliferación fue el contacto, el contagio…
    Sí, efectivamente, el éxito de lo que conocemos como la Reforma, coincide, como apunta el profesor González, con un cambio de época. Así ocurrió, pero en grande, una innovación religiosa en el epicentro del judaísmo. Y desde la Sión terrenal se fue propagando mediante el “aliento” de los primeros testigos, venciendo la resistencia de institución religiosa oficial, que trató por medio de amenazas y castigos yugular de raíz, cual Herodes, la proliferación epidémica de las nuevas ideas. También podemos asimilar los movimientos igualitarios de aquellos primeros días a las derivas de la incipiente Reforma luterana en tierras de lo que ahora son Alemania y Holanda, principalmente.
    Está claro que, a pesar la cantidad de enfoques religiosos, plasmados en las múltiples órdenes existentes ya a finales del siglo XV, aunque en algunas de ellas ya hubo individuos, como es el caso del cardenal Cisneros, que propugnaban una reforma en el seno de la Iglesia, ésta no llegó a tomar cuerpo hasta el momento que trata el autor del artículo precedente.
    Para tal éxito fue necesario un “ecosistema” apropiado, por desgracia. Como expone L. González, la ruptura fue la consecuencia de “una serie de sucesos que se fueron encadenando hasta que su salida se hizo inevitable”. Así fue, efectivamente. Deberíamos tener presente el escenario sociopolítico del primer cuarto del siglo XVI: el hallazgo del Nuevo Continente, la jerarquía de la Casa de Augsburgo en los territorios afectados por el “movimiento” de reforma y en España, el papel de los señores territoriales en los diversos länder, y la rivalidad de la monarquía francesa por liderar el Imperio, así como sus comunes apetencias por las tierras de algunos territorios en el suelo italiano.
    El escenario sociopolítico y religioso de aquellos días era radicalmente diferente al del tiempo en que emergió el cristianismo; y la forma de propagación de ambos “movimientos” lo mismo.
    En el primer caso, la incipiente iglesia crece por la persuasión, el adoctrinamiento y la convicción. En el segundo, principalmente, por la norma “cuius regio eius religio”. Lo segundo se puede verificar observando la introducción de la “Reforma luterana” en Dinamarca Suecia, Noruega, y especialmente en Islandia. Bien poco tuvo que ver con la Biblia en el idioma vernáculo y la persuasión…
    La segunda parte de su escrito la titula L. González “¿Es necesaria una Reforma hoy?” Naturalmente, lo es siempre. El cristianismo, como movimiento, si se para ya no es tal. Las instituciones, aunque poco deseables, son necesarias. Ellas, todas, tienden al anclaje y fijación de la “norma” inamovible… y una vez definida esta, el peso de la misma ¿se convierte en un obstáculo para realizar realmente el reavivamiento y la reforma enunciados?
    jjm

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  3. Juánfer y JJMenezo: Efectivamente, todo será poco para que se recuerde y enfatice la Reforma del siglo XVI. No tanto desde el punto de vista histórico sino del desafío y victoria de la gran revolución espiritual que fue.

    Los dos comentarios me han encantado. A uno sólo le diría que no es necesario relacionar la Reforma con la Parusía pues aquélla responde a un bien ético en sí mismo, independientemente de ésta… como, por otro lado, lo fue la Reforma del siglo XVI. Y a otro que, efectivamente, las instituciones parecen necesarias, pero un exceso de ‘institución’ termina siendo pernicioso. De ahí la prevención que tuvieron los pioneros adventistas para fundar una nueva iglesia. Se lo pensaron bien: tardaron casi veinte años en hacerlo. Y quizás no les faltó razón en sus dudas…

    Y alguna conclusión personal quiero compartir con todos los lectores de este blog.

    1.- Desde el punto de vista político, en mi opinión, la Reforma fue un desastre y algo deberíamos haber aprendido de ello. Recurrió a las armas más viles que tanto criticaba en la ICR: la violencia, el tráfico de influencias, la intolerancia… Al ser humano le cuesta entender que nunca debe unir el estado con la religión, la política con la espiritualidad, lo religioso y lo profano… ¡Y mira que hay ejemplos en la historia…! Pero nos gustan los atajos y la rapidez de resultados, y una y otra vez caemos en ese error. La Reforma fue un ejemplo más. Su unión con el poder político, reyes, príncipes, y los “señores territoriales de los diversos länder”, constituyó el pasivo del gran movimiento revolucionario. En este aspecto, para la Reforma, y sin paliativos, un cero patatero.

    2.- No hay atajos para el testimonio personal. Como muy dice JJM, el camino del cristianismo es la convicción, la exposición y, hasta cierto punto, la persuasión. En definitiva, el testimonio personal y colectivo. Es evidente que la Reforma lo tuvo pero lo adulteró con la política y aún hoy arrastramos ese ‘pero’. No podemos desdeñar que la política acrecienta los bloques y el cristianismo tiene vocación universal.

    3.- La institucionalización y su antídoto. Acerca de la necesidad de una nueva Reforma, ya fue establecido por los iniciadores de ese movimiento: “Ecclesia reformata et semper reformanda est”. Pero se nos olvidó por el camino… Este es el gran antídoto contra la institucionalización en la que caen todos los movimiento de todo tipo. Pero una vez ocurrido tal desastre, la institucionalización, sólo cabe acudir al poder político —como hicieron los Luteros de turno—, al poder económico, o al poder judicial… Yo descartaría el primero por principios si bien no sería imposible que alguna entidad política echara una mano… En cuanto al poder económico, me refiero al de régimen interior pues el poder religioso siempre ha sido muy sensible a la caída de ingresos…

    4.- El poder judicial cuando falla el antídoto. Quizás el poder judicial es el más cercano y sin embargo apenas usado. Conviene tener presente que fue a raíz de diferentes denuncias ganadas en los juzgados que se consiguieron conquistas sociales importantes en el seno de la IASD, especialmente en EEUU. Temas como la igualdad de salarios entre hombre y mujer para una misma función, el derecho a una jubilación y correspondiente pensión, etc. se resolvieron definitivamente en los juzgados… En España, por poner un ejemplo más cercano, se intentó vulnerar los derechos de una cocinera porque la UAE defendía que ella era una asimilada a las monjas católicas y por lo tanto sin derechos contractuales… El asunto llegó hasta el Tribunal Constitucional que le dio completamente la razón. Por esto, y aunque parezca duro, soy partidario de que se denuncie aquello que la iglesia haga y que esté fuera de la ley. Simplemente, la iglesia debe no sólo respetar la ley sino ser modélica. Por eso parece duro pero más duro es que alguien se quede arbitrariamente sin trabajo, que se le nieguen los derechos de la pensión, que no se cotice por la cantidad que obligue la legislación, que se abuse del poder espiritual para denigrar a personas por el hecho de no ser de su cuerda, que se gaste sin ningún control de la propia iglesia a la que sirven los dirigentes…

    5.- El antídoto contra la arbitrariedad: la transparencia. En medio de este descontrol no es de recibo que los Estatutos, que son como la Constitución de la organización, sean opacos a los miembros de iglesia. Es decir, todos están gobernados por unas leyes que sólo son conocidas por una élite. ¿Para cuando colocarlos en Internet? ¿Para cuando hacer lo mismo con los presupuestos anuales de la UAE? La AG ya los hace públicos hace tiempo…

    Ahora que en la sociedad se habla tanto transparencia, que se hacen leyes para consolidarla, y que todo el mundo sabe lo que gana el presidente de gobierno, nadie en la Unión Adventista Española sabe cuál es el sueldo REAL de su presidente, por poner un solo ejemplo. ¿Es esto normal? En la sociedad lo es cada vez más pero en la iglesia es un misterio… no teológico sino simplemente administrativo… y ético…

    Todo el mundo conoce que Rajoy gana 78.185,04 € brutos al año. ¿Alguien en la iglesia conoce el sueldo del presidente Jesús Calvo? Si alguno de los lectores de este blog lo sabe que nos ilustre, por favor. Conste que no es por curiosidad malsana sino como indicador y síntoma del oscurantismo en las cuentas… Y lo mismo podría decir del resto de dirigentes… Y eso que, en materia de ética, los cristianos debemos ser cabeza y no cola… Resulta obvio que cuando reiteradamente se niega una información es porque no se quiere dar. ¿Qué se está queriendo oculta…? Es una necedad porque tarde o temprano ocurrirá porque el signo de los tiempos y porque hasta la Asociación General está pidiendo mayor transparencia a todos los niveles… Algunos ya han comprendido que dándole la espalda al pueblo los movimientos languidecen…

    6.- Las obras faraónicas como síntoma. Curiosamente, en el siglo XVI de la Reforma se hizo una gran campaña con la venta de las indulgencias… ¡para recaudar dinero para seguir adelante con una obra extraordinaria: la Basílica de San Pedro en Roma! Hoy, varios siglos después, algunos se han empeñado en un gasto faraónico en medio de una crisis económica sin precedentes en la UAE. No hay dinero y hemos estado al borde de la suspensión de pagos, y a pesar de ser Unión y por lo tanto teóricamente autosuficientes, hemos tenido que ser intervenidos por la División Intereuropea la cual ha desembarcado en la UAE con grandes aportaciones de capital. Ellos nos han salvado los muebles… y a los dirigentes que nos llevaron a este desastre, y debemos de estarles muy, pero que muy agradecidos. Lástima que el rescate incluyó a los dirigentes. Sorprende esto. Sobre todo porque hay que despedir empleados, recortar gastos, bajar sueldos y pensiones… pero los causantes de tanto dolor continúan ahí, administrando…

    No puedo evitar hacer una relación entre las lágrimas para terminar la Basílica de San Pedro y las lágrimas por la adquisición de la “basílica” azul cobalto en un lugar privilegiado, y que también ha tenido preferencia de paso en todos los planes de la iglesia… La sede de la iglesia nuevamente se convierte en prioritaria… ¿Nos estamos volviendo locos todos…?

    ¿Quién puede negar la necesidad de abrir ventanas para que entre aire fresco? No se trata de ir contra algo o alguien sino de pedir lo que debe ser absolutamente normal. Parafraseando al ex presidente Suarez: “hacer normal en la Iglesia lo que es normal en la calle”. ¿Es pedir demasiado? No lo creo pero si se sigue con la misma cerrazón cada vez será más necesaria una nueva Reforma… y un nuevo Reavivamiento, pero éste no forma parte del presente artículo, pero ¡cuánta necesidad hay de cambios sustanciales desde el punto de vista espiritual…! Quizás algún día me anime a escribir sobre la reforma… del Reavivamiento… En realidad, esta es la gran Reforma pendiente… porque el resto le sigue de una forma natural…

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  4. Deshaciendo una ambigüedad: En el comentario anterior indicaba que una cocinera había denunciado a la Iglesia por una cuestión laboral, y terminaba diciendo que el TC le dio completamente la razón… pero a la cocinera, claro. Que queden dudas ni anbigüedades.

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  5. Deshaciendo una ambigüedad: En el comentario anterior indicaba que una cocinera había denunciado a la Iglesia por una cuestión laboral, y terminaba diciendo que el TC le dio completamente la razón… pero a la cocinera, claro. Que queden dudas ni ambigüedades.

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  6. Me ha gustado mucho tu reflexión, Luis, y las aportaciones de los comentarios.
    Conforme lo leía, no he podido evitar pensar en que mientras existía un movimiento de Reforma que respondía a las necesidades de una nueva sociedad, se produjo, dentro de la iglesia oficial un contramovimiento, la Contrarreforma que consiguió mantener al sur de Europa y a las colonias americanas en la “fidelidad” a la iglesia y a la voluntad de Dios (que para ellos era la misma cosa)
    Y lo peor fue que se vendió el Concilio de Trento como “lo que el mundo necesita”. A mí me suena a que la historia se repite.
    Como dice la viñeta de El Roto: Si vamos hacia atrás, ¿por qué nos dicen que hay que mirar hacia delante?

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  7. Esthervl dice”… existía un movimiento de Reforma que respondía a las necesidades de una nueva sociedad…” En principio SÍ. Y ese movimiento antes de, entonces, ahora y mañana, fue es y será necesario.
    Pero, antes de que se celebrase la primera sesión del susodicho concilio, ya se había afianzado, no por la “eficacia convictiva” debida al acercamiento de la Palabra en el idioma vernáculo a las gentes, a los pueblos. Se afianzó, en cada lugar, gracias al yugo temporal. Alcanzando, al reproducirse, un perfecto “cesaropapismo”, al buen estilo constantinopolitano, especialmente en las monarquías escandinavas. Y no digamos ya en Inglaterra; pero eso es cosa aparte.
    Comenta Esther: ¿por qué nos dicen que hay que mirar hacia delante? Para comprobar cómo se aleja el futuro… Una forma de verificar el efecto Doppler…
    jjm

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